La nueva Ley de Secretos Empresariales ayudará a proteger la innovación

22/02/2019

diarioabierto.es. El despacho Elzaburu y Asebio analizan su impacto positivo en la biotecnología

Después de su aprobación en el Congreso, en diciembre de 2018, y tras su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE), el 21 de febrero, en marzo entrará en vigor la Ley de Secreto Empresarial. España pasa a ser así uno de los primeros países de la Unión Europea (UE) en contar con una normativa que regula el secreto empresarial. “Norteamérica nos lleva mucha ventaja porque allí existe una jurisprudencia para ello desde el siglo XVIII”, asegura Javier Fernández-Lasquetty, socio del despacho especializado en la protección de activos intangibles Elzaburu.

Hasta ahora, el marco legal que regulaba el Secreto Empresarial a escala europeo era disperso y muy fragmentado entre diferentes normativas. Por eso, “esta ley era necesaria hace mucho tiempo y tenemos que verla como una buena noticia”, sostiene Fernández-Lasquetty. “En nuestro país somos muy innovadores, como demuestra el número de peticiones de patentes. El problema es que hay mucho desconocimiento aún sobre cómo proteger la innovación”, añade Patricia Salama, experta en patentes biotecnológicas en Elzaburu.

Para paliar en parte ese problema, Elzaburu organizó el pasado enero, junto a la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), la jornada Preservar la I+D. Patentar o proteger el know-how: panorama a la luz de la nueva Ley de Secreto Empresarial. El objetivo era conocer el impacto de esta nueva norma en el sector de la biotecnología, “un campo donde se están realizando grandes progresos en áreas como la medicina o la agricultura”, según explicó Antonio Tavira, CEO de Elzaburu.

Durante la jornada, Fernández-Lasquetty recordó que el secreto empresarial no es nada nuevo y puso como ejemplo la fórmula de la Coca-Cola y la salsa de Kentucky Fried Chicken. También se puso en evidencia que las patentes se pueden proteger y son más fácilmente cuantificables y que el debate está en cómo proteger el know-how: toda aquella información valiosa que una empresa va recabando a medida que avanza en una investigación. Y quedó claro que aunque no todo se puede patentar, el know-how se debería poder proteger para así salvaguardar la innovación en las empresas. Con la nueva ley, según Fernández-Lasquetty, “podemos actuar en relación con la información, pero también con las personas, desde empleados y clientes hasta proveedores externos de servicios”.

“La mayor fuga de secretos empresariales se da por parte de nuestros trabajadores que, inconsciente o conscientemente, desvelan partes importantes del secreto”, manifiesta este experto. Para paliarlo, aconseja invertir en formación, una acción complementaria a los contratos de confidencialidad; o bien tomar medidas cautelares, como evitar que un solo empleado tenga conocimiento del proceso completo y lo pueda reproducir fuera de las empresas. Respecto a los agentes externos que pueden robar la información “solo podemos protegernos a través de la ciberseguridad”, advierte Fernández-Lasquetty, quien califica como “muy completo” el texto de esta nueva ley.

Con respecto al riesgo derivado del registro de patentes, Patricia Salama recomienda “realizar un exhaustivo análisis de patentabilidad, para asegurar si cumplen requisitos como la novedad, la suficiencia en la descripción y la evaluación de la actividad inventiva, ya que no solo tiene que ser novedoso sino también mejorar lo que había antes”.

En lo que respecta biotecnología, cuyo número de patentes está creciendo, según fuentes de la Organización Internacional de la Propiedad Intelectual (OMPI), resulta ser uno de los sectores más beneficiados por esta nueva ley. Si en el año 2006 se presentaban 33.554 solicitudes de patentes, en 2016 fueron 55.479. La gran mayoría son del sector farmacéutico, referidas a moléculas, proteínas y sus secuencias, plantas, animales, células humanas, fármacos, procesos de obtención, dispositivos médicos, e incluso tests de diagnósticos.

Imagen: Kenneth Rodrigues (pixabay.com).

Nuevas oportunidades
Víctor González de Rumayor, director de I+D de la empresa Atrys Health señaló que la Ley de Secreto Empresarial “traerá nuevas oportunidades”, refiriéndose a los proyectos de medicina de precisión que se dedican al diagnóstico, como es el caso de Atrys, que en los últimos años ha invertido 15 millones de euros en I+D. Es especialmente importante en el diagnóstico de cáncer y los tratamientos de tumores. “Según los informes públicos, una de cada dos mujeres y dos de cada tres hombres serán diagnosticados de cáncer a lo largo de su vida. Necesitamos investigaciones para ver cómo el tumor va cambiando en cada persona”, informó el directivo de Atrys.

A continuación, describió un proyecto que consiste en realizar biopsias líquidas a través de la sangre para el tratamiento de estos tumores. “Es algo que no se puede patentar porque pertenece a las leyes de la naturaleza, pero entonces ¿cómo protegemos el fruto de nuestras investigaciones? Quizá esta nueva ley nos dé la solución”, apuntó. “Existe una gran carencia en España de información sobre las patentes”, añadió.

Eduardo Quemada, director general de Plant Response  —spin-off de la Universidad Politécnica de Madrid cuyo trabajo se ha centrado en utilizar productos naturales para proteger a las plantas de agentes externos—, abundó en cómo la Ley del Secreto Empresarial puede ayudar a la biotecnología, “un sector con cientos de know-how generados a partir nuestra actividad”. No obstante, Quemada destacó la dificultad de proteger el secreto empresarial para las pequeñas empresas, en parte por desconocimiento y en parte por la complejidad para establecer protocolos seguros cuando se cuenta con pocos medios.

Ion Arocena, director general de Asebio, aplaudió la publicación de la nueva ley, pero recuerdó la necesidad de que “los marcos legales sean estables, sobre todo en estos tiempos líquidos”, para poder seguir hacia delante en el camino de la innovación. En este sentido, recordó que los proyectos biotecnológicos pueden tardar años en dar frutos desde las primeras inversiones y a que la valoración de las empresas de este sector se apoya fuertemente en proyecciones de futuro: expectativas de ventas sobre la base de ventajas competitivas, que a su vez se construyen sobre patentes y secretos empresariales, esencialmente. Para Ion Arocena, un marco que permita realizar proyecciones sobre la base de un marco normativo estable facilitará mayores triunfos para el sector de la biotecnología en España.


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