Luke Jang es un coreano apasionado por la gastronomía que comenzó pelando cebollas en un restaurante chino de su barrio. Esto le impulsó a estudiar cocina y, más tarde, a especializarse en la francesa, obteniendo así los títulos de cocina coreana, china y francesa. Su amor por el mundo culinario le llevó a abandonar Corea y trasladarse primero a Australia, donde trabajó en un matadero, y finalmente, a España, donde tuvo la oportunidad de realizar prácticas bajo las órdenes de Ferran Adrià en El Bulli y también llegó a la cocina de Mugaritz. Ambos restaurantes dejaron huella en su estilo personal y es lo que ahora quiere transmitir a través de la cocina de su propio restaurante, el que anteriormente fue Soma de Arrando. Un modesto espacio de Chamberí en el que convivían cocina vista, barra y una mesa corrida para dieciséis comensales. Debido a la gran acogida del proyecto se trasladó -con el nombre SOMA- a un local en el corazón del barrio de las Salesas que le permitió ampliar su oferta culinaria con dos espacios diferenciados, decoración exquisita y una selección de vinos más extensa. Finalmente, SOMA se ha convertido en LUKE un espacio muy interesante, con mucha personalidad y que merece la pena visitar.
La planta superior de LUKE ofrece un espacio informal al que se puede acceder sin reserva para disfrutar de una selección de tapas coreanas que se sirven en barra y se cocinan a la vista. Platos clásicos de la comida callejera coreana con el toque creativo del chef y también adaptados a los productos disponibles en el mercado español. Entre ellos, destacan la gilda coreana, que se sirve con atún rojo Balfegó, sésamo, piparra, shiitake, loto encurtido y kimchi; el kimbap de atún, un temaki coreano con alga nori crujiente a la parrilla, arroz coreano y caviar de guindilla. Los iconos de su país de origen también se ven representados con propuestas como el sorprendente bibimbap con erizo de temporada y huevo de codorniz a baja temperatura; o nembi gyoza, una sopa de empanadillas con marisco, arroz crujiente y setas de temporada. Uno de los más demandados es el Korean Fried Chicken, pollo al estilo callejero de Corea o creaciones originales como la ensalada de ostra negra frita al momento con crema de kimchi, algas y aguacate. Cualquiera de las tapas de la carta está deliciosa, la presentación está cuidada -en algunas ocasiones es muy divertida- y la relación calidad-precio es excelente.
En el salón de la planta inferior se ofrece un menú degustación de cocina de autor con influencias coreanas y españolas. Dicho menú está compuesto por doce platos con el producto como protagonista. Algunos de los pases más sorprendentes son el foie de mar (hígado de rape) con golosina de kombu, sésamo negro y crema de wasabi, o la txuleta de vaca gallega rubia, con salsa bulgogi, pera coreana y vinagreta de ajo negro.
La carta de vinos incluye más de cien referencias, desde vinos por menos de 20 euros a etiquetas con 100 puntos Parker como el Château d’Yquem 2001, pasando por champanes de los años 80, así como una lista de rieslings elaborada para LUKE bajo la recomendación de uno de los mejores sumilleres del mundo: Josep Roca (El Celler de Can Roca). El menú degustación se puede maridar por un precio complementario de 35 euros.
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