La inquietante Tamara Falcó Preysler

28/11/2019

Carmen Duerto.

Posiblemente Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, jamas habrían pensado pasar una noche en el plató de un reality de televisión y más, en un balcón sobre unas cocinas. Pues lo han hecho, altruistamente, por Tamara y acompañados por su hermanastra mayor, Sandra Falcó. Juntos vieron cómo ganaba la cuarta edición del reality MasterChefCelebritie

Tamara se acerca a los 40 pero aún le queda mucho recorrido. Si este último año ha sido el del descubrimiento de la cocina y hace un par, el de la religión. Aún le puede dar por la ecología y no es que se convierta en una Greta Tumberg II, es que puede superarla y acabar en la ONU. Ella es capaz de aprenderse de memoria la Carta a los Corintios y ganar una Land Rover Discovery Challengue, el mismo año que se empotraba con su coche contra una pared y nadie apostaba un duro por sus cualidades como conductora. Tiene la habilidad, lo que es un mérito para alguien que tiene un perfil tan exageradamente pijo, de caer estupendamente a todo el mundo. Será porque dice lo que piensa y porque mentir es pecado o porque es simpática sin medida.

La gente hace yoga o pasea al perro para relajarse. Tamara Falcó Preysler, reza el rosario. Su padre, el marqués de Griñón es importante pero, su madre, Isabel Preysler, con la que suele hablar en inglés, es fundamental y omnipresente. Haciendo un reportaje en la finca de su padre, hace unos cinco años, si Isabel no la llamó 20 veces, no la llamó ninguna. Desde Puerta de Hierro, la casa familiar, teledirigía todo lo que Tamara hacía, decía o se ponía durante el reportaje. “Sí, mami, me he puesto los zapatos rojos…”

Lejos de importarle ese control materno, Tamara lo aceptaba y acataba. Del resto de sus hermanos, por parte materna, ella es la continuadora de la Preysler S.L. Ellas mismas, madre e hija, son su propia empresa reducida al pequeño espacio que ocupan sus cuerpos. Todos los vástagos Preysler, en algún momento de su vida, han aprovechado el tirón mediático familiar, pero Tamara es la que continúa el camino que tan bien ha trazado la matriarca. Dosifica sus apariciones públicas y las publicitarias porque que eso es parte de su estatuto de trabajo, al que desde hace dos años ha sumado su propia firma de moda, TFP.

Nunca ha dejado de estar en el candelabro y en el candelero, la hemos visto cambiar los dientes de leche, sus primeros novietes, seguir sus estudios de comunicación o llorar cuando tío Miguel (Boyer) murió. En este ciclo vital, Tamara ha tenido tres novios y dos propuestas de matrimonio que no prosperaron “no hubo anillo de compromiso por medio pero sí es verdad que soy muy exigente y tengo que tenerlo muy claro porque en mi familia ha habido muchas separaciones y sé lo que conlleva un matrimonio roto por eso me lo planteo más. Las dos veces y a las dos propuestas dije que no”. Uno fue Tommaso Musini y el otro Marco Noyer “para mi madre es raro que, con mi edad, no esté ya casada porque ella a mis años ya lo había hecho tres veces. Mami enseguida se ennovió, se quedó embarazada de tío Julio y se tuvo que casar”.

Por otra parte, a Tamara Falcó Preysler nadie le condicionó su decisión de hacerse católica apostólica romana. No tuvo un confesor, como antiguamente tenía la nobleza, ni tampoco un tío párroco, ni una familia devota. Todo lo contrario. Fue la inexistencia de creencias lo que le llevó hace un par de años a toparse casualmente con la religión. Es una mujer que habla tres idiomas, que estudió comunicación en una universidad americana y que lleva un máster a sus espaldas, además, de un conocimiento extenso sobre el mundo del vino. Quizás, hasta MasterChef, ese fue, el del vino, su único contacto con la cocina y su cercanía con Ramona, la cocinera de la casa materna.

Posiblemente de las cosas que más han llamado la atención de la ganadora de MasterChefCelebrity ha sido su conversión religiosa. Cómo llegó Dios a la vida de Tamara Falcó Preysler, pues por pura casualidad y yo fui la encargada de dar la primicia y contarlo al mundo. Orbi et orbe.  Criada en un entorno más propio de izquierdas que ella misma denomina la “gauche divine” con un “pop star”, como califica Tamara al primer marido de su madre, Julio Iglesias, con un padre aristócrata de rancio abolengo, como el Marqués de Griñón, con viñedos y palacio, un ex ministro todo poderoso como fue Miguel Boyer en la primera época socialista, así ha sido el entorno vital de Tamara.

Al cantante le llama tío Julio, al político socialista tío Miguel y a la actual pareja de su madre, Mario, esta vez, debe ser por la edad, le ha suprimido el parentesco de tío. Y todo lo dice con voz dulce y siempre sin perder la sonrisa. Con esa miscelania, ella se encontraba perdida, con una vida muy divertida pero muy vacía. Algo fallaba. “Llegaba un momento en el que estaba en sitios maravillosos pero no los disfrutaba, algo me faltaba. No sabía  qué era pero no estaba feliz. Tenía una visión mundana de la vida y era algo que no me llenaba. Daba igual cuantos amigos tenía, cuántos libros leía, los viajes que hacía, tenía un vacío que no podía llenar con más cosas materiales”.

Tamara no buscaba se encontró. Sin saber por qué, el destino quiso que entrara casualmente en la Casa del Libro, como había hecho en infinidad de veces, sin embargo, esta vez iba a ser diferente. Se topó con un ejemplar de la Biblia, entre los cientos de libros que había “es el único libro que me llamó la atención”. Lo compró, sin saber muy bien por qué y en cuanto abrió la primera página, no pudo soltarlo “en realidad la religión me encuentra a mí: Yo no tenía ninguna inclinación, ni tampoco un entorno afín y mucho menos vocación. Descubro todo gradualmente. Primero, leyendo la Biblia, después rezando el rosario y tras un retiro espiritual empecé a ir a misa. pero en ese momento yo estaba aún dudosa de la relación entre la religión y la iglesia pero he ido perdiendo mis miedos al tener la oportunidad de conocer en primera mano a sacerdotes y a monjas ejemplares que me han hecho cambiar las nociones erróneas que antes tenía”. 

A medida que leía la Biblia, estaba sintiendo cosas que estaba tomando como suyas. No daba crédito pero aquella Biblia era su biblia. Tanto es así, que en unas vacaciones se fue a casa de su padre, pero Tamara incomprensiblemente para los demás, se pasaba los días enteros encerrada en  su habitación. Nadie entendía nada y más, con los planazos que organizaban la familia y los amigos. El marqués de Griñón asustado, temiéndose lo peor, que si drogas, que si el alcohol…, decidió entrar en la habitación para tener una conversación seriamente con su hija. Tamara reticente tuvo que confesarle que era sencillamente que estaba leyendo la Biblia porque la tenía completamente extasiada. “Mi padre sonrió y me alentó diciéndome que no tenía que esconderme que en su familia y en especial granny, mi abuela paterna, siempre habían sido muy creyentes y que estaba contento de que yo hubiera encontrado la fe”. 

Da igual donde se encuentre, tanto si es en Gerona haciendo un rally como en Filipinas acompañando a su madre, Tamara medita todos los días y recibe en su teléfono, vía evangeli.net donde 200 sacerdotes comentan el evangelio del día, el evangelio de la misa diaria y una breve meditación todos los días por internet y no es ni un capricho ni algo ocasional y aunque a veces se reconoce un poco vaga, tiene fuerza de voluntad y constancia para dedicarle un tiempo diario a sus creencias y fortalecer su fe. Todo parece que la religión ha llegado a su vida para quedarse.  “Amo a Dios, recibo evangeli.net, voy a adoración, llevo mi Biblia siempre conmigo en el iPhone”. 

Un día íbamos juntas, Tamara y la que esto escribe, en un coche que conducía yo, cuando de pronto me suelta; ¿Sabes que estoy feliz porque sé cómo es la paz? Me fui tres días al campo completamente sola y allí estuve yendo a misa, leyendo la Biblia y concentrada exclusivamente en la oración. De repente me pasó algo que nunca había sentido: LA PAZ. Fue una experiencia maravillosa de bienestar. Es la sensación más maravillosa que se puede llegar a sentir. Aun no me puedo creer que haya tardado tanto tiempo en descubrirla. Es una mezcla de calma y alegría… una sensación de plenitud con Dios… no sé es muy difícil de explicar. Me gustaría sentirla todo el tiempo”.

Y así fue cómo se publicó la conversión religiosa de Tamara. Luego vendría lo del spray con agua bendita con el que rociaba a la gente que veía alejada de la fe o a su familia, sus frases sacadas de las Escrituras o su premio como MasterChefCelebritie.

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