Pese a esta moderación, lo cierto es que la subida de los tipos de este jueves pone fin a la estabilidad que mantuvo en el 2% los tipos durante los últimos doce meses. Pero las previsiones sobre la evolución de la inflación dejan de ser moderadas ya que suben del 2,6% al 3%, dando por seguro que el incremento de los precios de la energía terminarán elevando el precio de los alimentos de los bienes y de los servicios.
A falta de referencias, de momento, los salarios no están incrementándose para elevar la presión sobre la inflación. Pero la extensión de la guerra en el tiempo llevará a tener en cuenta que los sindicatos comenzarán a reclamar que no se pierda poder adquisitivo.
Por lo que respecta a 2027, las previsiones son peores. La inflación subirá del 2% al 2,3% y volverá a recuperar el objetivo del 2% en 2028. Aunque todo dependerá de la situación internacional y que se terminen las guerras.
Con estos datos en la mano, el BCE explica que su decisión se basa en "un impacto más pronunciado de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza”. En general, se verán afectados múltiples sectores, el consumo se retraerá y se incrementará el ahorro preventivo. Lo que sí Lagarde descartó es que la recesión esté en las previsiones del BCE, porque el consumo seguirá siendo el motor de la economía europea.
El BCE parece haber aprendido de la guerra entre Rusia y Ucrania, descartando que la inflación vaya a superar el 10%. Los analistas solo esperan que el BCE realice otra subida en lo que resta de año, después del verano. Incluso del FMI también ha adelantado este jueves que habrá más subidas de los tipos de interés por parte del BCE.
El Euríbor ya roza el 3% en tasa diaria
Mientras el BCE había optado por la prudencia hasta ahora, el Euríbor ya había alcanzo el pasado mes de mayo su valor más alto de los últimos 20 meses, al rozar el 3% en tasa diaria. Este aumento ha comenzado a trasladarse a las cuotas de las hipotecas a tipo variable de abril y mayo.
Los peores escenarios previstos por el BCE estiman en el "severo" un precio del barril de petróleo de 166 dólares (frente a los 92 dólares en que cotizaba este jueves) y el gas subirá hasta los 98 euros, frente a los 50 euros actuales. Con ello, la inflación escalaría al 6,3% en 2027, mientras el crecimiento del PIB rozará la recesión.
El BCE considera que este escenario es "improbable", aunque algunas rúbricas comienzas a despegar más de lo deseado como la del sector servicios que ha pasado del 3% al 3,5%. Los alimentos seguirán su estela.
El FMI también empeora sus previsiones sobre el crecimiento económico
Este jueves también el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus previsiones sobre el crecimiento de la Eurozona, al situarlo en el 0,9%, dos decimas menos que lo previsto antiormente. No obstante, mantiene el 1,2% de 2027.
Desde el FMi "se prevé que la guerra en Oriente Próximo represente una importante, aunque temporal, perturbación adversa", en su informe anual 'Artículo IV' sobre la economía de la zona euro, recalcando que habrá un menor ritmo de crecimiento y una mayor inflación.
En cuanto a la inflación, el FMI la eleva al 2,8% para 2026, dos décimas más; y al 2,3% en 2027, una décima más. Pero si la situación bélica se agrava, los precios podrían subir bastante más, sin descartar un debilitamiento de la demanda y un mayor estrés financiero. En este escenario, aconseja el organismo internacional, los gobiernos deberán adoptar reformas estructurales que favorezcan el crecimiento a medio plazo.
"La prioridad inmediata es mantener ancladas las expectativas de inflación y amortiguar el impacto de la crisis dentro del margen fiscal disponible", explica el FMI, para el que las experiencias recientes han puesto de manifiesto la urgencia de abordar la dependencia energética externa y la exposición a interrupciones en el suministro externo, así como la limitada capacidad de Europa para gestionar conjuntamente las crisis.
Habrá más subidas de tipos
En cuanto a la política monetaria, el FMI considera necesario aumentar los tipos de interés para contener el impacto del shock de los precios de la energía en la inflación. De este modo, contempla en su escenario base un aumento acumulado de 50 puntos básicos del precio del dinero en 2026 con respecto al nivel anterior a la guerra en Oriente Próximo.
"Si los precios de la energía y las expectativas de inflación aumentan más de lo que sería compatible con la trayectoria inflacionaria prevista en el escenario base, podría ser apropiado un ajuste más rápido y/o más pronunciado", apunta el FMI.
Sin embargo, si el aumento de las expectativas de inflación se acompañara de un deterioro sustancial de las condiciones financieras y una menor demanda, los técnicos de la institución internacional apuntan que una brecha de producción más negativa limitaría las presiones inflacionarias y reduciría la necesidad de ajuste del precio del dinero, recoge la web de Europa Press.
Por último, el informe del FMI hace referencia que muchos países de la Eurozona ya han introducido medidas de apoyo energético temporales, pero no focalizadas, advirtiendo de que, a pesar de su alcance limitado, "es probable que estas medidas reduzcan los incentivos para el ahorro energético y generen efectos indirectos adversos", por lo que aboga por que cualquier continuación de dichas medidas, o la implementación de nuevas, debería estar mejor enfocada a proteger a los hogares vulnerables y, al mismo tiempo, preservar las señales de precios.
Por otro lado, el FMI considera que el ajuste fiscal estructural a medio plazo sigue siendo imprescindible para la zona euro, ya que todos los países se enfrentan a importantes necesidades de gasto a largo plazo, lo que requerirá de una estrategia integral y creíble que combine la repriorización del gasto, una mayor eficiencia del mismo y medidas estructurales como la reforma de las prestaciones sociales, junto con reformas que impulsen el crecimiento para aumentar los ingresos.
En esta situación, el FMI defiende la necesidad de aplicar de manera sólida el marco fiscal de la UE, mientras que advierte de que una mayor flexibilización de las normas fiscales "podría socavar la credibilidad del marco y elevar aún más la deuda".