Reunión de pastores en Jackson Hole. ¿Muerte de ovejas?
01:09hPagina …
Mientras buena parte de los inversores sigue en modo verano, preocupada por encontrar una hamaca libre, decidir entre playa o piscina y comprobar si la cerveza está suficientemente fría, en Wyoming se prepara una reunión bastante menos inocente. Del 27 al 29 de agosto, Jackson Hole vuelve a juntar a algunos de los hombres y mujeres con mayor capacidad para mover nuestro dinero. Y ya sabemos lo que dice el refranero español, reunión de pastores, muerte de ovejas.
[caption id="attachment_700042" align="alignnone" width="1600"]
José Manuel Marín Cebrián, fundador de Fortuna SFP[/caption]
Cuando hablamos de los auténticos sheriffs del dinero, muchos piensan en la SEC, en la CNMV, en Wall Street o incluso en el mismísimo Donald Trump y en todo el poder político, económico y militar de Estados Unidos. Pues no. Los sheriffs llevan traje, hablan despacio y se llaman bancos centrales.
El precio del dinero está en sus manos
La Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón o el Banco de Inglaterra tienen aparentemente pocas herramientas. El problema es que son capaces de mover montañas.
Pueden subir o bajar los tipos de interés, es decir, deciden cuánto cuesta el dinero. Pueden comprar activos y deuda soberana o reducir sus balances, o lo que es lo mismo, introducir o retirar liquidez del sistema. Y pueden crear dinero y reservas bancarias, que es donde el asunto se vuelve todavía más interesante. Pensemos por un momento en cualquier otro mercado. Si aumenta mucho la oferta de tomates y la demanda permanece estable, ¿qué suele ocurrir con el precio del tomate? Baja. Con el dinero sucede algo conceptualmente parecido. Si la cantidad de dinero crece de manera persistente mucho más rápido que la producción de bienes y servicios, cada unidad monetaria tiende a representar una porción menor de riqueza real. Traducido al idioma de la calle, pérdida de poder adquisitivo.
El gran salvavidas de los Estados
Aquí aparece una de las cuestiones que más debería preocupar al inversor. Los Estados llevan años instalados en una peligrosa dinámica de déficits, deuda y gasto público creciente. Pero existe un comprador con una capacidad extraordinaria para intervenir cuando los mercados empiezan a atragantarse, su propio banco central. No significa que puedan financiar ilimitadamente cualquier déficit sin consecuencias. Ni siquiera los bancos centrales pueden derogar las leyes económicas. Pero sí poseen una capacidad de intervención que ningún inversor privado puede igualar. Cuando compran grandes cantidades de deuda, presionan las rentabilidades, proporcionan liquidez y alteran el equilibrio natural entre compradores y vendedores. Y cuando hacen exactamente lo contrario, conviene tener cuidado, porque el mismo oxígeno que ayer entraba en la habitación puede empezar a salir.
El impuesto que nadie recibe por carta
Hay otra derivada todavía más interesante. Cuando una economía soporta inflación durante años, nuestro dinero pierde silenciosamente capacidad de compra. No recibimos ninguna carta de Hacienda. No aparece ningún cargo en la cuenta corriente. Pero somos más pobres en términos reales. Cien mil euros siguen siendo cien mil euros. El problema es todo lo que podemos comprar con ellos. Por eso insisto siempre en diferenciar entre dinero nominal y patrimonio real. Tener el mismo número de euros no significa conservar la misma riqueza. Y precisamente por eso un inversor no debería preguntarse únicamente cuánto está ganando su cartera. Debería preguntarse cuánto está ganando después de inflación, impuestos y costes. Ahí empieza la planificación financiera.
De Wyoming a la cuota de la hipoteca
Todo esto puede sonar lejano, propio de un país con montañas, alces y banqueros centrales de vacaciones. No lo es. El hilo que une Jackson Hole con la economía doméstica española tiene un nombre que aquí conoce todo el mundo, el euríbor. El indicador cierra agosto en torno al 2,94% frente al 2,11% de hace un año. Traducido a la vida real, una hipoteca variable de 167.000 euros a veinticinco años con un diferencial de 0,75 puntos suma alrededor de setenta euros a la cuota mensual en su revisión anual. Unos 845 euros más al año que salen de la nómina de una familia y no de ningún debate académico.
Detrás de ese movimiento hay una decisión y una expectativa. La decisión es que el Banco Central Europeo subió el tipo de depósito hasta el 2,25% en junio. La expectativa es que el mercado da por hecha otra subida en septiembre y considera bastante probable una tercera en diciembre. El euríbor no espera a que ocurra. Cotiza hoy lo que cree que pasará mañana, exactamente igual que los bonos, las divisas o la bolsa. Para el ahorrador español, no hace falta tener una cartera de renta variable internacional para depender de lo que se diga estos días en Wyoming. Basta con tener una hipoteca variable, un depósito, un fondo conservador o simplemente dinero parado en la cuenta corriente. Y conviene poner las dos caras encima de la mesa. Quien tiene hipoteca variable paga más. Quien tiene ahorro sin invertir recibe algo más de remuneración, aunque con una inflación de la eurozona en el 2,9% y con el propio banco central esperando registros algo por encima del 3% hasta mediados de 2027, esa remuneración sigue sin ganar la carrera. En ambos casos la pregunta es la misma, cuánto queda después de inflación, impuestos y costes.
Las expectativas son gasolina
Mientras muchos inversores continúan disfrutando de su particular inopia veraniega, los próximos días algunos de los mayores responsables monetarios del planeta intercambiarán ideas sobre el futuro del sistema financiero. Y los mercados escucharán cada palabra. Un verbo diferente. Un tono ligeramente más duro. Una referencia inesperada a la inflación. Una preocupación sobre el crecimiento. Puede ser suficiente para modificar las expectativas sobre los tipos de interés y provocar movimientos en bonos, divisas, bolsa y materias primas. Porque los bancos centrales no necesitan mover los tipos para mover los mercados. A veces basta con insinuar que podrían hacerlo. Ese es probablemente su mayor poder. No controlan únicamente el precio del dinero, sino también buena parte de las expectativas sobre cuál será mañana el precio del dinero. Y las expectativas, en los mercados financieros, son gasolina. Así que disfruten de la playa, del chiringuito y de las últimas semanas del verano. Pero no pierdan de vista Wyoming. Porque cuando los sheriffs del dinero se reúnen en Jackson Hole conviene recordar aquello de reunión de pastores, muerte de ovejas. Y en los mercados financieros siempre merece la pena asegurarse de no ser la oveja.
José Manuel Marín Cebrián, fundador de Fortuna SFP[/caption]
Cuando hablamos de los auténticos sheriffs del dinero, muchos piensan en la SEC, en la CNMV, en Wall Street o incluso en el mismísimo Donald Trump y en todo el poder político, económico y militar de Estados Unidos. Pues no. Los sheriffs llevan traje, hablan despacio y se llaman bancos centrales.
El precio del dinero está en sus manos
La Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón o el Banco de Inglaterra tienen aparentemente pocas herramientas. El problema es que son capaces de mover montañas.
Pueden subir o bajar los tipos de interés, es decir, deciden cuánto cuesta el dinero. Pueden comprar activos y deuda soberana o reducir sus balances, o lo que es lo mismo, introducir o retirar liquidez del sistema. Y pueden crear dinero y reservas bancarias, que es donde el asunto se vuelve todavía más interesante. Pensemos por un momento en cualquier otro mercado. Si aumenta mucho la oferta de tomates y la demanda permanece estable, ¿qué suele ocurrir con el precio del tomate? Baja. Con el dinero sucede algo conceptualmente parecido. Si la cantidad de dinero crece de manera persistente mucho más rápido que la producción de bienes y servicios, cada unidad monetaria tiende a representar una porción menor de riqueza real. Traducido al idioma de la calle, pérdida de poder adquisitivo.
El gran salvavidas de los Estados
Aquí aparece una de las cuestiones que más debería preocupar al inversor. Los Estados llevan años instalados en una peligrosa dinámica de déficits, deuda y gasto público creciente. Pero existe un comprador con una capacidad extraordinaria para intervenir cuando los mercados empiezan a atragantarse, su propio banco central. No significa que puedan financiar ilimitadamente cualquier déficit sin consecuencias. Ni siquiera los bancos centrales pueden derogar las leyes económicas. Pero sí poseen una capacidad de intervención que ningún inversor privado puede igualar. Cuando compran grandes cantidades de deuda, presionan las rentabilidades, proporcionan liquidez y alteran el equilibrio natural entre compradores y vendedores. Y cuando hacen exactamente lo contrario, conviene tener cuidado, porque el mismo oxígeno que ayer entraba en la habitación puede empezar a salir.
El impuesto que nadie recibe por carta
Hay otra derivada todavía más interesante. Cuando una economía soporta inflación durante años, nuestro dinero pierde silenciosamente capacidad de compra. No recibimos ninguna carta de Hacienda. No aparece ningún cargo en la cuenta corriente. Pero somos más pobres en términos reales. Cien mil euros siguen siendo cien mil euros. El problema es todo lo que podemos comprar con ellos. Por eso insisto siempre en diferenciar entre dinero nominal y patrimonio real. Tener el mismo número de euros no significa conservar la misma riqueza. Y precisamente por eso un inversor no debería preguntarse únicamente cuánto está ganando su cartera. Debería preguntarse cuánto está ganando después de inflación, impuestos y costes. Ahí empieza la planificación financiera.
De Wyoming a la cuota de la hipoteca
Todo esto puede sonar lejano, propio de un país con montañas, alces y banqueros centrales de vacaciones. No lo es. El hilo que une Jackson Hole con la economía doméstica española tiene un nombre que aquí conoce todo el mundo, el euríbor. El indicador cierra agosto en torno al 2,94% frente al 2,11% de hace un año. Traducido a la vida real, una hipoteca variable de 167.000 euros a veinticinco años con un diferencial de 0,75 puntos suma alrededor de setenta euros a la cuota mensual en su revisión anual. Unos 845 euros más al año que salen de la nómina de una familia y no de ningún debate académico.
Detrás de ese movimiento hay una decisión y una expectativa. La decisión es que el Banco Central Europeo subió el tipo de depósito hasta el 2,25% en junio. La expectativa es que el mercado da por hecha otra subida en septiembre y considera bastante probable una tercera en diciembre. El euríbor no espera a que ocurra. Cotiza hoy lo que cree que pasará mañana, exactamente igual que los bonos, las divisas o la bolsa. Para el ahorrador español, no hace falta tener una cartera de renta variable internacional para depender de lo que se diga estos días en Wyoming. Basta con tener una hipoteca variable, un depósito, un fondo conservador o simplemente dinero parado en la cuenta corriente. Y conviene poner las dos caras encima de la mesa. Quien tiene hipoteca variable paga más. Quien tiene ahorro sin invertir recibe algo más de remuneración, aunque con una inflación de la eurozona en el 2,9% y con el propio banco central esperando registros algo por encima del 3% hasta mediados de 2027, esa remuneración sigue sin ganar la carrera. En ambos casos la pregunta es la misma, cuánto queda después de inflación, impuestos y costes.
Las expectativas son gasolina
Mientras muchos inversores continúan disfrutando de su particular inopia veraniega, los próximos días algunos de los mayores responsables monetarios del planeta intercambiarán ideas sobre el futuro del sistema financiero. Y los mercados escucharán cada palabra. Un verbo diferente. Un tono ligeramente más duro. Una referencia inesperada a la inflación. Una preocupación sobre el crecimiento. Puede ser suficiente para modificar las expectativas sobre los tipos de interés y provocar movimientos en bonos, divisas, bolsa y materias primas. Porque los bancos centrales no necesitan mover los tipos para mover los mercados. A veces basta con insinuar que podrían hacerlo. Ese es probablemente su mayor poder. No controlan únicamente el precio del dinero, sino también buena parte de las expectativas sobre cuál será mañana el precio del dinero. Y las expectativas, en los mercados financieros, son gasolina. Así que disfruten de la playa, del chiringuito y de las últimas semanas del verano. Pero no pierdan de vista Wyoming. Porque cuando los sheriffs del dinero se reúnen en Jackson Hole conviene recordar aquello de reunión de pastores, muerte de ovejas. Y en los mercados financieros siempre merece la pena asegurarse de no ser la oveja.





