Verano sinónimo de incendios
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Con puntualidad británica con la llegada del verano proliferan los incendios, unos por causas naturales, otros por descuidos humanos y finalmente hay intencionados. Los desastres son importantes, en algunos con vidas humanas por en medio y en otros con inmensas áreas devastadas con unos bomberos y voluntarios que se juegan la vida para apagarlos. En cualquier caso las pérdidas acostumbran a ser muy importantes.
Los incendios acostumbran a producirse en verano así como las advertencias de las autoridades de apelar a la población para que tomen todas las medidas para evitarlos, pero son estas mismas autoridades las que en invierno no han tomado las medidas preventivas para paliar los efectos del fuego. Los bosques están sucios, con árboles caídos y su sotobosque lleno de ramas, troncos y hierbas propicias para propagar el fuego. Por otra parte, muchos caminos los ha invadido la vegetación y ofrecen serias dificultades a los servicios de extinción para atacar las llamas. También los cortafuegos, cuando los hay, en muchos casos son manifiestamente mejorables.
Estos trabajos para limpiar los bosques se han de hacer en invierno o la primavera y bien sean los ayuntamientos, diputaciones o el propio Estado los que tendrían que invertir para prevenir lo que sucederá en verano y estas medidas preventivas rara vez se hacen y sólo nos acordamos de santa Bárbara cuando truena. Confiar en la lotería que nuestro municipio no se verá afectado y nos habremos ahorrado un gasto es jugar con fuego propiamente dicho. Esta inversión en medidas preventivas realizada a su debido tiempo es mucho más rentable que las grandes pérdidas que ocasionan los incendios y cuando desgraciadamente se producen todos son lamentaciones de los afectados y quizás la satisfacción de los que no les ha llegado el fuego por haberse ahorrado unos dineros…





