El caso es que la festividad del Año Nuevo ha mantenido cerrados algunos mercados asiáticos y la festividad ha llevado a que los flujos de dinero asiático hoy no hayan llegado con la diligencia habitual, dando como resultado una rebaja sensible del volumen en los tres índices americanos.
No sorprende pero sí da qué pensar. La globalización hace que todo sea cada vez más interdependiente y el rápido desarrollo de China hace que cada vez sea más un jugador a tener en cuenta en esta partida de póker que es el mercado.
De hecho, en los mercados de deuda es el gran protagonista de los últimos años. La mayor parte de la deuda emitida en los últimos años por Estados Unidos, los países de la UE y algún otro país desarrollado ha terminado en manos chinas que, antes o después, pasarán factura.
Y uno, que es un enamorado de la libertad, incluso para la circulación de capitales, no puede dejar de tener un poco de miedo, más aún cuando la reciprocidad brilla por su ausencia. No hay obstáculos al capital chino en Occidente pero sí hay trabas al capital occidental en China, incluso para comprar una simple acción.
En fin, me dejaré de «geoeconomía estratégica» y me pondré a lo mío, a contarles que, una vez más, ya hemos visto esta sesión. Otra vuelta en el día, aunque esta vez se quedara en negativo por muy poco. Es tal la repetición que llega al aburrimiento, pero es lo que hay: apertura a la baja, media sesión en mínimos y último tramo de recuperación. Conocemos la jugada.
Al cierre, el Dow perdió un 0,16%, el S&P 500 un 0,06% y el Nasdaq Composite otro 0,06%. Eso sí, con el volumen realmente tocado.
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