Argel, Toni Zenet y Jose I de La Latina

13/06/2014

Joaquín Pérez Azaústre.

Tengo el corazón de La Latina en la mano cuando estrecho la de mi amigo Jose. Jose sin acento en la é, Jose, que es el Don Latino de Híspalis imprescindible para una tarde larga en la plaza de la Cebada o alrededores, cuando el último gin es la conciencia de una realidad sobrevenida, que hemos dejado atrás, y la bohemia ofrece luces estridentes en las fotos borrosas. Hace una semana estreché en Argel una mano que ha estrechado la de mi amigo Jose muchas veces: la del cantante Toni Zenet. Recuerdo algunas veces cruzándonoslo en La Paloma, o en el Lamiak de Cava Baja, siempre tocado con sombrero borsalino o gorra, en esas tardes largas en las que nos metíamos con Jose, algunas veces, porque era el único hombre sin sombrero del Mercado de San Miguel. El concierto de Zenet, con ese suave acorde medular entre el tango, el fado, la copla, la canción amorosa convertida en el humo ventral del cigarro abolido, conquistó la Salle Ibn Khaldoun de Argel. El recital, organizado por el Instituto Cervantes en el Festival Cultural Europeo, fue una escenificación en la que el intérprete era su propia atmósfera, en un teatro lleno hasta la puerta, con los pasillos abarrotados de voces encantadas de ser el eco de sus melodías. La suya es una forma de actuar con el paso cambiado, en la mixtura máxima tendida sobre el ritmo del cielo. Algo así como La Latina por la tarde, cuando somos amigos en la barra que siempre sale al encuentro.

Esperé a que acabara para ver vaciarse la sala y a él bajar del escenario, algo afónico, porque la impostura gestual y sus personalidades múltiples –Zenet también es actor, y buen actor: fue un Pablo Picasso juvenil más que convincente en la serie de televisión- sólo pueden dar paso a la caída en el silencio clarificador. Pero esperé, sobre todo, para saludarle en Argel, ese lugar exótico y lejano, tan cercano a la vez, de parte de Jose I de La Latina, nuestro Don Latino de Híspalis, si aceptamos que Rodolfo Serrano es lo más parecido a un Max Estrella lúcido y sonriente, acogedor y hermano de quien le necesita. Saludando a Zenet volví a encontrarme con mis viejos amigos, un poco cascados y un poco luminosos, como si me esperaran al final del concierto, como si pudiéramos brindar por los bares de Argel.

¿Te ha parecido interesante?

(+4 puntos, 4 votos)

Cargando...

Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.