Un pacto contra natura, en el origen del escándalo

06/10/2014

Miguel Ángel Valero.

El 6 de septiembre de 1996, Ricardo Romero de Tejada, secretario general del Partido Popular (PP) de Madrid, y Francisco Javier López Martín, secretario de Política Institucional de la Unión Sindical de Madrid-Región del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), firmaban un documento de ocho páginas “con motivo del relevo propuesto por el PP en la presidencia de la Caja de Madrid”.

Presidía la entidad desde el 21 de enero de 1998 Jaime Terceiro, un profesor de Econometría nombrado, por cierto, por unanimidad, que había heredado de Felipe Ruiz de Velasco, presidente los 12 años anteriores, Mateo Ruiz de Oriol, director general los diez últimos, una Caja Madrid todavía demasiado pequeña (sobre todo en comparación con ‘la Caixa’) pero rentable y eficiente.

Con un estilo de gestión muy presidencialista (nunca nombró director general), Terceiro convirtió Caja Madrid en una entidad nacional, la segunda caja del sector. Su estilo le enfrentó con algunos de sus colegas: recuerdo cómo los rankings y análisis de las cuentas de resultados de cajas se hacían siempre con retraso porque el presidente de Caja Madrid se negaba a entregarlas a la Ceca, que entendía estaba escorada a favor de ‘la Caixa’.

Pero su gestión fue, en general, brillante. Si salió de Caja Madrid fue por el pacto contra natura entre el PP, que acababa de llegar al poder, y el sindicato Comisiones Obreras, refrendado con entusiasmo por Izquierda Unida. Muchos ponen en ese pacto, que terminó llevando a la presidencia de Caja Madrid a Miguel Blesa, compañero de pupitre de José María Aznar y sin experiencia en el sector financiero, el origen de muchos problemas en la entidad y en las cajas.

Una persona poco sospechosa de simpatías con la izquierda, como Esperanza Aguirre, reconoce públicamente que con Terceiro estas cosas no pasaban. Y fue consejera de Caja Madrid unos meses.

Antes de Blesa, los consejeros generales y de administración de Caja Madrid disponían para sus gastos de representación de una tarjeta con un límite mensual de 100.000 pesetas (600 euros) y con un riguroso control mensual de la Comisión de Auditoría, que exigía facturas de todo.

Desde luego, el portavoz de Terceiro, Elías Ramos, nunca pudo disponer, como su sucesor Juan Astorqui (lo que, por cierto, le ha costado la vicepresidencia de la agencia de comunicación Burson en España), de 293.000 euros mediante una tarjeta ‘opaca’. ¡Ya le hubiera gustado a él, con lo que difrutaba comiendo, e invitando a comer!

Ni, desde luego, la actual directora de Comunicación de Bankia, Amalia Blanco.

Hay que insistir en que todo esto se conoce por un correo electrónico del secretario de Caja Madrid a Blesa, y porque el actual equipo gestor de Bankia (José Ignacio Goirigolzarri, presidente, José Sevilla, consejero delegado, Antonio Ortega, consejero director general) ha optado por tirar de la manta y remitir toda operación sospechosa al Frob, y éste a la fiscalía.

La destitución de Blesa abrió la espita a pactos para sustituir a los presidentes de las cajas, lo hubieran hecho bien o mal, por personas designadas por motivos políticos y que sabían perfectamente a quiénes debían el cargo.

Y abrió la puerta de par en par a comportamientos escandalosos como créditos concedidos a tipo de interés ventajoso y sin un análisis mínimamente correcto de los riesgos a consejeros, directivos, miembros de las comisiones de control y de las asambleas generales.

Supuso, algo que en sí no es negativo, un control sindical de los planes de pensiones de los empleados; la entrada de representantes sindicales en los consejos de administración y otros órganos de gobierno, que han hecho que entre los 83 beneficiarios de las tarjetas ‘opacas’ de Caja Madrid haya nombres de UGT (como el dimitido Ricardo Martínez) y sobre todo de CCOO (Rodolfo Benito, que también ha renunciado).

El nombre que más me llama la atención es el de Francisco, Paco, Baquero, compañero de María Jesús Paredes, secretaria general de CCOO Banca (llamada Comfia), del que era portavoz, con una utilización de las tarjetas por 266.400 euros.

O tempora! O mores! que diría un clásico. Y todo por un pacto contra natura para quitar a un presidente con una trayectoria impecable por otro que ha terminado como lo ha hecho, con una entidad que se está saneando con dinero de todos los españoles.

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