Cantando bajo la lluvia estelar

01/01/2017

Joaquín Pérez Azaústre.

 

Muere Leia, muere Carrie Fisher, y muere al día siguiente Debbie Reynolds, sin impermeable amarillo y sin paraguas. Debby Reynolds canta un solo de tristeza sin la lluvia mojando su caricia despierta, esa cara limpia con los ojos brillantes de cielo natural. Si la princesa Leia Carrie Fisher era la sofisticación del mito, la princesa guerrera y la mujer guerrera contra los cánones éticos y estéticos, pero también vitales, Debby Reynolds fue la pulcritud de una belleza pura, sin aristas ni tenues claroscuros en esa brillantez de mejillas muy dulces, con una ligereza de cantar y bailar a través de los años. Había nacido en 1932 y ha muerto en diciembre de 2016, un día después que su hija, porque no ha soportado esa soledad sobrevenida, ese vacío oscuro en lentos amaneceres sin desenlace posible. Tejana de El Paso, Debby será siempre la heroína de la mejor comedia musical de Stanley Donen, Cantando bajo la lluvia, donde dejó fascinados a Gene Kelly y a Donald O’Connor, enfundada en el mismo chubasquero amarillo, pateando el silencio de los charcos parlantes, que nos hablan de tardes invernales y duras, cuando el cine era el marco de algunos paraísos en colores vibrantes.

Cantando bajo la lluvia, como se recuerda, está ambientada en plena transición del cine mudo al sonoro. Debby Reynolds es la chica de Gene Kelly, un actor que soporta bien el tránsito, mientras ella pone voz dramática -y también cantarina- a una estrella muda, porque su timbre resulta demasiado chillón. Así, frente al artificio al que se presta, Debby representa la naturalidad de una muchacha de apenas 20 años, con esa agilidad bajo la lluvia, cruzando decorados que son calles para nuestro mejor paseo por el recuerdo. Siempre evocaremos el baile de Gene Kelly con la gran Cyd Charisse, que es la sensualidad reconvertida en una perfección para el espíritu, la turgencia en el cuerpo sin gravedad aparente, que es capaz de salir del lienzo y recorrer una sala de cine para romper el corazón del mundo. Pero Cantando bajo la lluvia, por mucho que la recordemos, no ha sido y no será nunca la espectacular Cyd Charisse, ni tampoco su número, sino la imagen de Gene Kelly, Debby Reynolds y Donald O’Connor pisoteando el tiempo líquido de los charcos, brincando sobre sus pies danzarines y jóvenes, chapoteando en las retinas delicadas y absortas al escuchar, también, la canción más famosa de la película: Good morning, good morning!, su explosión de optimismo.

Ahora, tras morir Carrie Fisher, se despide también Debby Reynolds del mundo. Lejos quedaron ya sus viejos enfrentamientos, convertidas también en su propia película –Postales desde el filo, de Mike Nichols, con Meryl Streep como la hija y Shirley MacLaine como la madre, aunque con los nombres alterados-, porque ya se habían reconciliado. Una vida de cine, con su cine hecho vida. Dos mujeres han muerto, dos mujeres despiden un año tiznado por la oscuridad. Sus estrellas se encuentran en el cielo habitable. Cantaremos, también, en la lluvia estelar.

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