Quien paga, otorga

19/01/2012

Maite Vázquez del Río.

Las agencias de calificación vuelven a captar todo el protagonismo, pese a sus reiteradas equivocaciones que no olieron ni por asomo la crisis que se avecinaba. Se las presupone independientes y su cometido -al menos así se diseñó cuando se pensó que se necesitan- es que se dedicaran a valorar empresas privadas y fondos privados. Su presencia en el mundo financiero no iba más allá que mantener informados a los posibles inversores para ver por dónde podían hacer su dinero más rentable, y defender su dinero.

Pero la situación ha ido degenerando con el paso del tiempo, porque muchos países mostraban con orgullo su prestigiosa «triple A«, que les hacía acreedores de ser potencia económica y garantizaba la llegada de inversores extranjeros. Y una cosa llevó a la otra. De evaluar y poner nota a lo privado han pasado a poner nota a lo público, en concreto a la emisión de deuda soberana.

En esta explicación de su existencia, además, hay un dato que sobresale por encima de cualquier consideración. Todo aquel que es «puntuado» tiene que pagar por ello. Por lo que el círculo ya se ha vuelto más que vicioso, ya que en teoría cada país paga hasta porque le bajen la nota. Luego quien paga, otorga la potestad de que hagan lo que quieran.

Lo peor de todo es que en su afán de recuperar el prestigio perdido, como si fuera posible mientras no cambien su manera de funcionar, las agencias de calificación se han atrevido a poner nota incluso a los países que no pagan por ello. Y a todo lo público que se les ocurra, desde sociedades estatales hasta comunidades autónomas. Eso sí que es para nota.

Standard & Poor’s (S&P) -mejor no pensar en su significado en español porque nos lleva a lo habitual y pobre-, Moody’s (malhumorado) y Fitch se han erigido en jueces y asesores de inversores. ¿Juez y parte? Y cuando los mercados ya han puesto a cada uno en su sitio, van y confirman lo que todos sabíamos, con la sutil desvergüenza de encima exigir y aconsejar lo que gobiernos, economistas y financieros los deberes que deben hacer. Ya podían haber aconsejado a Lehman Brothers para evitar su quiebra y de todos los lodos que desde entonces nos han llevado a un terreno de arenas movedizas.

Mejor no hacerles caso.

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