Su tasa de desempleo se ha triplicado. Pero son el único colectivo donde se ha creado empleo. Los mayores de 45 años soportan mejor la sangría de destrucción de puestos de trabajo. Desde el inicio de la crisis han visto crearse cerca de 280.000 empleos. Y eso a pesar de la intensa destrucción de empleo, que se llevó por delante, en este colectivo, 400.000 puestos de trabajo en 2009. Aun así, no se libran de otra lacra, el paro de larga duración. Con una tasa de desempleo del 17,3 por ciento, tres veces más que al inicio de la crisis, su perfil como parados corresponde al de un varón, con más de dos años a la búsqueda de un empleo.
Los datos se extraen de un estudio elaborado por la patronal de empresas de trabajo temporal, Agget, que se centra en el paro de larga duración. El número de parados de larga duración se ha multiplicado por siete desde el inicio de la crisis, según afirma el informe. Un contingente que suma 2,7 millones de personas frente a los 394.000 que había en el tercer trimestre de 2007, cuando empezó el bache económico. El incremento se mide en un 571 por ciento.
El paro de larga duración afecta a la mitad del total de los desempleados en España. Con estos datos se dibuja un perfil del parado español, que corresponde al de un varón, de 30 a 34 años, con dos años o más en el desempleo. Sobre su distribución, el País Vasco aparece como el territorio donde mayor peso ganan los parados de larga duración sobre el total, hasta alcanzar un 57 por ciento. Le siguen Comunidad Valenciana (55,7%), Cataluña (51,7%), Castilla-La Mancha (50,7%). Y Andalucía (50,6%), Galicia y Canarias (ambas con un 50,4%). En todas ellas, más de la mitad de sus parados llevan más de un año buscando empleo.
Los extranjeros sufren especialmente los malos datos del empleo. Desde que comenzó la crisis, el número de extranjeros en paro se ha triplicado, hasta copar uno de cada cuatro nombres inscritos en las listas del antiguo INEM. La tasa de desempleo de los extranjeros ha saltado desde el 11,8 por ciento, al inicio de la crisis, al 34,8 por ciento a finales del año pasado. Los datos dibujan el perfil del parado inmigrante, que se corresponde con el de un hombre de 25 a 34 años, con dos o más años a la búsqueda de un empleo. El colectivo extranjero ha pasado de crear empleo a un ritmo interanual del 13% a destruirlo al -8,5%, tasa ésta última que supera en cinco puntos a la media nacional (-3,3%).
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