Lamentablemente, tras cuatro años de profunda crisis, los ciudadanos comprobamos entre recorte, ajuste y austeridad, cómo nuestros políticos -españoles y europeos- con independencia del signo que sean y que nuestras autoridades del BCE, FMI y todas las siglas que se nos puedan ocurrir, no tienen ni idea de cómo sacarnos del atolladero. Y digo nuestros porque somos los ciudadanos los que con nuestro dinero sostenemos este «tinglado» que dicen que es la forma política menos mala, que llamamos democracia.
Ni políticos puros y duros como Angela Merkel, ni políticos de actúan de cara al escaparate como Nicolas Sarkozy, ni tecnócratas como Monti, ni la flor y nata de los expertos económicos y financieros que se concentran en el BCE y FMI, saben encontrar una solución. Y año tras año repiten los mismos errores y equivocaciones dejando a las economías más débiles -Grecia es el máximo exponente- a los pies del mercado. Si Grecia no cumple las «exigencias» de Bruselas -como si supieran en la Comisión Europea lo que hacen y la eficacia de lo que piden- no habrá más ayuda, después de haber estado debatiendo durante más de medio año si se daba o no un segundo rescate; si Grecia no forma Gobierno, se cierra el grifo; si Grecia no sigue con los recortes y ajustes, se cierra el grifo… y Grecia tiene a la vuelta de la esquina declararse en bancarrota. Y además llega el BCE y les azuza más. Si no se sanea su sistema financiero, no les dará más liquidez a sus bancos, y los bancos -ya muy cerca de la insolvencia- se declararán en quiebra… ¿De dónde va a sacar el Gobierno dinero para sanear a sus bancos si no tiene ni para pagar las pensiones ni los vencimientos de su deuda?
Ante este negro panorama, llega la directora gerenta del FMI, Christine Lagarde, y da por seguro que Grecia saldrá del euro; como el gobernador del banco central belga y muchas otras voces del BCE. Pero la gran estadista Merkel y el recién llegado Hollande vuelven a lanzar el mensaje de que se ayudará a Grecia… Mensajes, mensajes, mensajes… así casi tres años y siguen sin aprender. Solo cuando le ven las orejas al lobo reaccionan, porque lo que están atacando los mercados no es a Grecia sino a los mismísimos cimientos de la moneda única. Y si el euro se tambalea, no es que Grecia se salga es que desaparecerá hasta el mismísima moneda única, porque irá cayendo un país tras otro.
Y como siempre, eso si con todo el daño que han hecho mientras tanto (España ha tenido su prima de riesgo más alta de toda su historia; Italia también se ve acorralada), llega entonces la calma en forma de medidas que parecen que van a ser las últimas (las nuevas serán para que llegue el crecimiento económico), aunque nos pidan que las medidas anunciadas las apliquemos urgentemente, con más recortes y más ajustes, mientras la recesión profundiza sus raíces y va hundiendo cada vez más a un mayor número de países. Y el BCE vuelve a abrir el grifo, después de haberle dado a elegir a los griegos entre susto o muerte…
Visto lo visto. Lo dicho. No tienen ni idea.
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