Vas y vienes. No lo sabes, pero todo es mecánico. Tu rutina está mecanizada, los movimientos están programados. Los parpadeos contados. Las palabras van unidas por finos hilos. La conciencia está racionada. Las miradas iluminadas y filtradas por la luz de tus iris.
Siempre la misma gente. El mismo saludo de mañana, la misma despedida de tardes. El mismo trabajo, que no es más que rutina clavada en la yema de tus dedos. El mismo reloj marcando las horas interminables, pero que tarde o temprano finalizan para dar paso a otra noche, donde hasta el sueño está programado: dormirás de nuevo, 8 horas.
Eres un autómata que realiza movimientos que han sido copiados de otros movimientos en un pasado no muy lejano. Pero un autómata con margen de error elevado, para el cual un fallo es algo novedoso e incluso placentero.
Sin embargo existe algo dentro de esa rutina para nuestro autómata que estropea toda su realidad. Y no es más que otro autómata que le mira con una mirada única. Me refiero a ella. No sé su nombre, pero observo cómo le mira. Esa inclinación de cabeza, acompañada de la media sonrisa y los ojos entornados. Y el autómata le responde con otra mirada y sale inmediatamente de su rutina, donde ya no hay nada cronometrado ni contado de antemano. Donde se pierden las cuentas de las miradas, de los gestos. Y la respiración es más profunda. Y los latidos del corazón se aceleran y son diferentes.
Un autómata se enamora y deja de ser autómata. Y su vida se convierte en una aventura nueva cada día. Todo pierde su mecanización. Las frases ya no están hechas, todo es improvisación. El amor nos cambia la vida, nos ilusiona y nos fusiona con las sensaciones que la vida nos oculta cuando somos autómatas y parecemos ciegos.
Nuestro autómata hoy ha roto con su rutina para siempre, porque hoy cuando ella le ha mirado él no ha despegado la mirada de sus ojos. Ha continuado mirándola fijamente, para minutos mas tarde acercarse a su mesa y preguntarle qué hace después del trabajo. Ella ha respondido: lo mismo de siempre. Ella era otra autómata. Él le dice que la invita a merendar y a pasear por un sitio hermoso y nuevo. Ella no se resiste y acepta.
Cuando dos autómatas caminan juntos y deciden cogerse de la mano, una parte de su mundo interior estalla. Se produce una explosión. Es la rutina de cada uno que estalla y se rompe en mil pedazos. Dejan de ser autómatas para ser dos enamorados de ellos y de la vida. Y todo cambia. Hasta el habla les cambia. Los andares. Todo.
Nunca piensas que el amor, que una palabra con cuatro letras pudiese tener tal efecto. Pero así es. Y solo los autómatas enamorados, lo sabemos.
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