Son los beneficios empresariales los que han conseguido el milagro de hacer retornar algunos índices, al menos los más poderosos, a los niveles de 2007. El Dax y los índices americanos están ahí y tienen a tiro de piedra los máximos absolutos, lo que nos lleva a una sencilla deducción que es la base de todos los pronósticos catastrofistas que se están sucediendo últimamente: la economía no está para máximos, sino más bien para mínimos.
De hecho, las perspectivas en Alemania son más bien frías para este año, electoral por más señas, y todo apunta a que la política europea (algunos la llaman política comunitaria) va a entrar en un «stand by» como consecuencia de la precampaña alemana. En estas circunstancias, Merkel no sabe qué es mejor. Por un lado, tiene claro que los alemanes no desean ayudar más a nadie, no quieren más rescates, ni más apoyos a nadie. Esta claro que el alemán medio, el que vota mayoritariamente, piensa que los del Sur nos merecemos lo que nos está pasando y no quiere «enterrar» su dinero en ayudarnos. Pero por otra parte, Merkel sabe que sin estimular el consumo de la UE, y ya no es solo el Sur, va a tener muy complicado que se mantenga la bonanza económica en el país. Una duda crucial y eterna en la que, de momento, la teutona se decanta hacia el inmovilismo.
Porque sí. Hay determinados perfiles de políticos que cuando se asoma la tempestad creen que lo mejor es no hacer nada. Así nos tuvieron Zapatero y Solbes dos años mirando hacia otro lado; así está ahora mismo Rajoy tras caer en la cuenta de que nada de lo que ha hecho al dictado de otros ha servido absolutamente para nada y así parece que se va a poner la señora Merkel a no ser que las encuestas se lo pongan tan crudo que tenga que lanzarse a la heroica, lo que no parece probable.
Y cuando el inmovilismo se instala, se instala en todas partes, incluso en el mercado. De hecho, lo primero que ha ocurrido es que la rentabilidad del bono español a diez años ha vuelto a situarse por encima del 5%, que fue el nivel de equilibrio inmóvil de los últimos tiempos.
Parecía que China nos iba a sacar del atolladero y de hecho los mercados arrancaron al alza hasta que Apple vino a estropearnos la mañana. El gigante de la manzana vende menos iPhones e iPads de los esperados y ha recortado los pedidos a proveedores. Y digo yo: y más que los va a recortar porque a esos precios ya ha copado el mercado. No queda nadie que pueda pagárselo y lo quiera que no tenga ya un «cacharrito». El problema es que los que lo quisieran no pueden pagarlo y que al paso que va la crisis, muchos de los que tengan que renovar el equipamiento en los próximos años van a optar por soluciones más económicas. Se acabó lo que se deba con esos precios astronómicos por prestaciones que, seamos serios, no usamos ni al 10%.
¿Y qué tiene que ver Apple con Europa? Desgraciadamente, mucho. Todo está interconectado y esa noticia anticipaba una apertura negativa en Wall Street, así que los índices europeos, recogieron velas y optaron por no quemar las escasas fuerzas de que disponen ahora mismo.
Al cierre, el Dax y el CAC avanzaron mínimamente, un 0,18% y un 0,06, respectivamente, y el FTSE y el Ibex se decantaron por las pérdidas, un 0,22% y un 0,38%.
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