El tiempo se lleva amores y todas esas palabras que nunca dijiste porque sentías vergüenza o te atenazaba aquel miedo absurdo a decir las cosas simplemente porque las escucharía aquella persona.
Solo sé que un día descolgó el teléfono maldito que llevaba sin sonar en casa, parecía que toda la vida. Despegó el teléfono de su base y marcó su número. A cada número que marcaba era un dolor. Un dolor de ausencia, de rabia, de necesidad, de absoluto futuro incierto, de pánico, de fobia a existir sin ella.
Su voz sonó al otro lado lejana y diferente. Y él quedó mudo como en otras ocasiones le había sucedido. Ella seguía preguntando ¿quién es? ¿quién es? ¿hola? Y él, enmudeciendo al otro lado. Sintiendo vértigo a cada sílaba que escuchaba de su boca.
Recordó en ese breve instante, porque es lo que fue: un instante fugaz. Que aquellos días todo era una fiesta. Reían con cualquier cosa, se emocionaban con las caricias que llegaban como por arte de magia, veían el futuro del mismo color. Presentían que estaba hechos con el mismo molde, y que por lo tanto, era por eso que sus cuerpos encajaban a la perfección.
Lo que pasa que ella se fue alejando y él se fue haciendo mas y mas pequeño hasta que un día ya no eran capaces de tener una conversación de mas de tres palabras seguidas.
El amor duele de verdad cuando se termina. Y a él le dolía demasiado. Sin embargo ella se sentía libre cuando él le faltaba. Él le decía: amor mío, vuelve. Pero ella ya no le escuchaba. Y la vida era como un cristal roto, y ella los pedacitos que ahora le hacían sangrar a él por dentro. Imposibles de recomponer. Ya nada volvió a ser como antes.
Supo él que lo sueños eran frágiles. Que de nada servía soñar un futuro maravilloso, cuando se sueña solo o tiene esa fragilidad que tienen todas las cosas sencillas y bellas.
Y ése día él se quedó mudo al teléfono, como tantos otros días. Habían pasado 10 años ya y la seguía queriendo de la misma manera. Se mordió la lengua y no pudo decir aquello que en cada llamada deseaba decir: ojala que nunca sueñes conmigo antes de despertar junto a otro. O sí. Y seas tú la que me llame y sea yo quien responda y te diga: hace tanto tiempo que quería decirte algo…
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