De hecho, las cosas que han pasado hoy apuntan a que Wall Street prefiere aflojar un poco el acelerador por el momento y quedarse en esta zona. Han tenido buen cuidado de mantenerse en la zona que permite desde un estallido al alza a un recorte sin contemplaciones. Los 1.500 puntos del S&P 500 son una excusa perfecta para cualquiera de las dos cosas.
Y es que desde el comienzo la sesión fue rara. Abrió con una decepcionantes resultados de Caterpillar, que quedó lejos del consenso de los analistas, pero que sin embargo subió como la espuma.
Y cuando llegaron las buenas noticias en forma de gran dato de pedidos de bienes duraderos o de nueva reducción del stock de viviendas en venta, el mercado tampoco se sale del guión y se contenta con volver a la zona a la que hubiera vuelto incluso sin estas dos noticias.
Por no haber, no hay ni apuestas en torno a lo que puede decir la Fed el miércoles. La mayoría se contenta con que no vuelvan a recalcarse expresiones que puedan dar a entender que Bernanke prepara ya la retirada de los estímulos a la economía americana.
Y es que Bernanke y la Fed tienen la obligación de preparar ese escenario. Otra cosa es cuándo se va a levantar ese telón, pero la obra a representar es lo suficientemente importante como para que mil ensayos parezcan pocos. Cuando llegue el momento, nada puede fallar…
Con estos condicionantes, es lógico que la sesión no haya estado para grandes alegrías ni para grandes penas. Simplemente, ha estado.
Al cierre, el Dow perdió un 0,10%, el S&P un 0,18% y el Nasdaq Composite avanzó un 0,15%.
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