Y ahora, Moody’s

15/12/2010

Miguel Larrañaga. 15-12-2010

Por si fuéramos pocos y la cosa no estuviera suficientemente nerviosa, viene Moody’s y nos cuenta lo que ya sabíamos: que España está “malita” y que la deuda crece y las incertidumbres no bajan, así que pone el “rating” en perspectiva negativa y se queda tan contento.

Lo peor de la historia es que no dijo nada que no se supiera, pero los mercados volvieron a tomárselo a mal, sacudiendo de lo lindo al selectivo español y lastrando las ganas que algún índice europeo tiene de salir disparado.

No es la primera vez que me lo pregunto: ¿por qué seguimos haciendo caso de estos tipos que dijeron que los bonos “subprime” eran ideales y, abundando más aún en ello, hicieron un estupendo negocio con la “paquetización” de las hipotecas basura? Y más aún ¿por qué no pasó nada después de la tormenta con estos tipos?

Es una historia que se repite. Cuando los escándalos contables de Enron y WorldCom salieron a la luz, fueron los auditores los que se llevaron las “ovaciones”, pero se quedó en esto, una ovación, cerrada eso sí, y la desaparición de una de las grandes firmas para satisfacción de las otras, que se repartieron el pastel.

Luego tendrán la culpa de todo los especuladores, pero no me negarán ustedes que estamos absolutamente rodeados. Si tan importante es esto del “rating”, que no dudo que lo sea, ¿por qué no depende de un organismo como el FMI y deja de ser un negocio privado? Digo yo que, al menos para la deuda soberana, podría hacerse algo así.

Pero de nada sirve lamentarse. El caso es que, como dije antes, los mercados se lo tomaron a mal y repartieron cera hasta que una apertura tímidamente al alza en Wall Street actuó de niño de Karate Kid y pulió parte de la cera repartida. Daba pena a media mañana observar cómo vapuleaban valores hasta ahora invapuleables como Inditex que, en el colmo del despropósito, presentó un aumento de beneficios del 42% en su tercer trimestre fiscal. ¿Cómo se puede bajar más de un 4% presentando esta hoja de servicios? No me duelen prendas en reconocer que cada vez entiendo menos.

Lo único medianamente razonable del día fue la constatación de que el FTSE londinense está preparado para intentar tirar del resto de mercados europeos. En medio del desastre que se convirtió la mañana, el Footsie mantuvo el tipo, lo que es muy reseñable en momentos en los que lo fácil es dejarse llevar por la corriente. Me dirán ustedes que el Reino Unido no está en el euro y ese tipo de cosas, y llevarán razón, pero en esto de la Bolsa, Londres es Londres y la City es la City. Y eso son palabras mayores si los demás quieren verlo.

Al cierre y tras un periodo en el que los índices europeos quisieron recuperar el terreno perdido, solo lo consiguieron durante un rato el FTSE y el Dax, pero regresaron al terreno negativo en el último tramo y perdieron un 0,15% y un 0,16%, respectivamente. El Ibex volvió a llamar a las puertas del infierno y se dejó un 1,5%, mientras el CAC sigue con su “quiero y no puedo” y ayer tocó la parte del no puedo, con una caída del 0,58%. Reseñar que el Mibtel italiano se apuntó con rotundidad a seguir la estela del Ibex y concluyó con una pérdida del 1,44% y que el Aex holandés luchó denodadamente por subirse al carro del FTSE y el Dax, terminando con una pérdida del 0,29%.

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