Tenías la cabeza llena de borradores, llena de cosas que pensabas y nunca me dijiste. No es que quisiera que llegaras, con el pelo revuelto y las comisuras rebosando de sonrisas. Es simplemente que te esperaba siempre. Y era muy extraño, porque pocas veces llegabas.
Eras discreta, tu risa no era estridente. Y mirases donde mirases detenías el tiempo. Estabas sola solamente porque no existía nadie capaz de quererte. Porque solos los valientes se hubiesen atrevido a posar su mano en tu cintura. Llegabas cuando nadie te esperaba, no te ibas y ya la gente te empezaba a echar de menos. Cualquier criatura hubiese dado lo que fuese por tener, aunque fuese, un pelo tuyo.
Eras luchadora y a veces tenías que luchar contra dragones muy grandes. El dragón de la separación y cinco niños que te reclamaban.
Eras prescindible, pero se te echaba de menos cuando faltabas. Y faltabas muchas veces, porque te gustaba la soledad, te gustaba esconderte tras puertas cerradas. Llorabas en silencio, y tus lagrimas no lo sabías, pero valían su peso en oro. Cualquiera habría querido beber de tus lagrimas.
Me leías algunas noches poemas y cosas que escribías. Recuerdo tu olor a mandarina y acero de los días pasados. Recuerdo tu boca y la cicatriz que te dejó aquel lunar que te quitaron. Hubiese dado la vida por detener el tiempo y quedarme allí, arropada con tus sábanas durmiéndome mientras me leías historias.
Luego, ya ves, dicen que el tiempo pasa y pasó. Y no sé dónde se quedó aquella mujer a la que le era necesario abrazarme o decirme: qué guapa estás. No sé muy bien dónde quedó todo. Ni aquellos días cuando me alisabas el pelo o me llevabas de la mano al colegio.
Creo que aquella niña aún sigue allí, en su cama, esperando a que la arropes y le des las buenas noches. Esperando a que escribas el final de la historia que ella inventó. A que escuches sus sueños y le descubras que no está tan sola.
Ahora la niña no es niña y despierta cada día y va al trabajo. Sufre y llora y se esconde en su habitación de puertas cerradas, como tú hacías. Ahora la niña que ya no es niña escribe algunas historias (como tú) y la gente le reclama y le encarga cosas que hace con sus manos (como tú).
Y a veces sueña que llegas y le dices: qué bonita mi niña y lo que hace.
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