Un proceso de concentración sin precedentes (49 entidades se han unido en siete grupos, fundamentalmente de cajas rurales), sin quiebras y sin ayudas públicas, ha hecho que el activo medio de cada cooperativa de crédito haya aumentado más del 20% desde 2008, el momento álgido de la crisis financiera internacional iniciada en el verano de 2007 con el desplome del mercado de hipotecas subprime en Estados Unidos. Esta cifra se sitúa ahora en los 1.700 millones de euros. El sector, en el que conviven cajas rurales con cooperativas laborales y profesionales, suma ya 130.000 millones en activos. Pero el dato que más gusta a estas entidades es que, desde 2008, han incrementado su número de socios en más de medio millón de personas.
No obstante este crecimiento, el peso de las cooperativas de crédito en el sistema financiero español, en torno al 7%, está muy lejos del que tienen estas entidades en el resto de Europa: 20% de cuota de mercado en depósitos, que se eleva al 29% en financiación de pymes. En Europa, en la que la crisis obligó a masivas nacionalizaciones de entidades financieras para evitar más quiebras, “ningún banco cooperativo ha entrado en concurso de acreedores”, señala el Comité Económico Social Europeo.
La Asociación Europea de Bancos Cooperativos agrupa a más de 4.000 entidades, que suman 65.000 sucursales, 777.500 empleados y 181 millones de clientes. En España, son 40 cooperativas de crédito, con dos grupos destacados: Cajas Rurales Unidas, con 28 entidades, liderado por la almeriense Cajamar, con 53.000 millones de euros en activos; y Caja Laboral Popular, la entidad financiera de Grupo Cooperativo Mondragón, con 25.000 millones.
Hervé Guider, director general responsable de la secretaría general de la Asociación Europea de Bancos Cooperativos, afirma en el último número de “Banca Coooperativa”, editada por la Unión Nacional de Cooperativas de Crédito (Unacc) que “mucho de lo que en banca era moderno, innovador y sofisticado, ha terminado siendo excesivamente arriesgado y poco sólido”. “La crisis ha mostrado la importancia de la confianza y la resistencia”, añade, mientras subraya que las cooperativas de crédito deben “enfatizar su confianza y resistencia, pero también los valores cooperativos, como la orientación al socio y la solidaridad”, señala. “Dado que las cooperativas de crédito no se centran en conseguir beneficios, su objetivo es mejorar los servicios y beneficios para sus socios/clientes”, reitera.
Costes operativos mayores
Pero, al mismo tiempo, Guider alerta sobre que las cooperativas de crédito, como el resto de la banca, “se enfrentarán a costes de financiación y operativos mucho mayores, que pueda que no sean compensados con ingresos más altos”. Además, la nueva regulación en marcha, y especialmente los requerimientos de liquidez sobre los depósitos, “también hará más atractiva la banca minorista”. “Muchos bancos se ajustarán en este segmento del mercado que antes. No todos los bancos serán capaces de alcanzar esos objetivos, y yo anticiparía algunas fusiones en el futuro”, apostilla.
El director general de la Asociación Europea de Bancos Cooperativos cree que ese mayor atractivo de la banca minorista “facilitará incluso más que los bancos extranjeros accedan al mercado español, y la competencia se incrementará”.
“En este escenario, muchos clientes estarán más dispuestos a tratar con los bancos que ya conocen, Nuestra oportunidad consiste en aumentar la cooperación (economías de escala, mejor uso del capital, entre otras) y mayor desarrollo de nuestro perfil cooperativo, el cual nos distingue de los otros. Ser percibido como ‘diferente’ será algo cada vez más importante”, argumenta Guider.
“El enfoque hacia el cliente y la economía local debería continuar siendo una de las características que define las cooperativas de crédito. Incluso más que en el pasado, tenemos que construir nuestras estrategias sobre la ‘diferencia cooperativa’, y que eso se perciba por nuestro socios y por el público”, concluye Hervé Guider, director general de la Asociación Europea de Bancos Cooperativos.
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