Como era previsible, el proceso de venta de la participación del nacionalizado NCG Banco en el Banco Gallego ha perjudicado a la subasta por Catalunyabanc, que ha quedado desierta por falta de ofertas competitivas. El Frob no ha tenido más remedio que claudicar. Las propuestas no vinculantes presentadas por Santander, BBVA, Banco Popular y Sabadell el pasado jueves por la entidad catalana se quedaron en dos en firme (Santander y Popular) hoy, y solamente el grupo que preside Emilio Botín ha mejorado finalmente su oferta, sin acercarse a los 1.000 millones de euros que esperaba ingresar el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob).
En cambio, por el 49,85% del Banco Gallego en manos de NCG Banco ha presentado ofertas no vinculantes el Banco Sabadell, uno de los que podría haber puesto más carne en el asador para ganar la subasta por CatalunyaBanc. La oferta “competitiva” que anunció en su momento el presidente del Sabadell, Josep Oliu, por la entidad catalana ha dejado paso a tratar de hacerse con el Banco Gallego. Una opción más barata (la participación de NCG en el Banco Gallego está valorada en unos 200 millones de euros), menos arriesgada que CatalunyaBanc y en un área donde el Sabadell tiene menos presencia, como es Galicia, y que abre la puerta a extender la operación a NCG Banco si fallan los inversores privados que asegura tener José María Castellano y César González-Bueno.
Junto al Sabadell figuraban el venezolano Banesco (que ya ha tomado la participación de NCG Banco en el Banco Etxcheverría, una entidad especializada en gestión de patrimonios en Galicia), y el portugués Banco Espírito Santo (que insiste en esta entidad, porque ya negoció su compra hace más de un año) . También estaba el francés BNP Paribas (uno de los actuales accionistas del Banco Gallego, con el 3,13%), aunque finalmente no presentó oferta no vinculante. Ninguna de estas entidades hubiera pujado en la subasta de CatalunyaBanc. El plazo para las ofertas en firme por el Banco Gallego finaliza el 5 de abril.
Callejón sin salida aparente
Mientras la venta del Banco Gallego supera con éxito el primer escollo, la de CatalunyaBanc se encuentra en un callejón aparentemente sin salida. La invitación del Frob a los bancos que presentaron ofertas no vinculante (Santander, BBVA, Popular y Sabadell) para que mejoraran sus propuestas no tuvo éxito. Al corte final solamente acudieron Santander y Popular, y sus ofertas no fueron lo suficientemente atractivas para el Frob, que se metió en problemas al anunciar públicamente que no iba a “malvender” la entidad, y también al reiterar que el saneamiento de CatalunyaBanc no iba a costar más dinero al contribuyente.
Los bancos replican que, sin esquema de protección de activos (EPA) como los concedidos en las últimas operaciones (CAM, Banco de Valencia) o ayudas similares (créditos fiscales), CatalunyaBanc es una apuesta demasiado arriesgada, aunque los activos y créditos inmobiliarios más problemáticos hayan sido transferidos a la Sareb. Se trata de una entidad con un excesivo de hipotecas a particulares en su balance, y con un ajuste de red y de plantilla superior al 30% pendiente de realizar. Conclusión: no vale los 1.000 millones que pide el Frob.
Descartada la opción de una EPA o mecanismos similares para hacer más atractiva la compra de CatalunyaBanc, el Frob tiene pocas alternativas. Una, la que finalmente ha ganado, es aplazar la subasta. Bruselas le ha dado cinco años de plazo a España para vender sus entidades financieras nacionalizadas.
El Frob recuerda que CatalunyaBanc debe venderse antes de que finalice 2016, “un plazo dilatado y suficiente para buscar la mejor opción que permita minimizar el coste para el contribuyente”.
El problema no es la imagen negativa que se proyecta del sistema financiero y de la economía española. Una subasta desierta supone un fracaso sin paliativos para el modelo de reestructuración de la banca diseñado por el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, y ejecutado por el director general del Frob, Antonio Carrascosa.
Es que, además, implicará que el Estado siga haciéndose cargo de la gestión de CatalunyaBanc y, sobre todo, del coste y del desgaste que supone el ajuste laboral, y la reducción de la red de sucursales y de negocio. Y también de la pérdida de la inversión que va a suponer para los titulares de participaciones preferentes y de emisiones de deuda subordinada. Mantener CatalunyaBanc en solitario también exigirá, previsiblemente, el fichaje de un ‘Gorigolzarri’, un veterano del sector, preferentemente de Cataluña, para poner en valor esa entidad, como está haciendo el ex consejero delegado del BBVA en Bankia.
Otra opción, que no gusta por el impacto en el déficit público, en las devoluciones de las ayudas recibidas desde Bruselas y por el coste de imagen para el Gobierno y para la marca España, es terminar vendiendo CatalunyaBanc más barato, bajar el listón de los 1.000 millones, en un nuevo proceso dentro de unos meses. Dentro de esa alternativa está el troceamiento de la entidad, lo que la haría más digerible para sus potenciales compradores. Es una solución que no disgusta a los bancos interesados en crecer en el mercado catalán, y que abriría el abanico de posibles ofertas.
El gran banco nacionalizado no gusta en Bruselas
Una tercera opción, que defienden algunos funcionarios del Ministerio de Economía, es integrar dos o incluso las tres entidades nacionalizadas (Bankia/BFA, CatalunyaBanc y NCG Banco) en un mismo grupo, manteniendo las marcas y una amplia autonomía para cada una de ellas. Se trataría de aprovechar sinergias, sobre todo en servicios centrales, y de ahorrar costes de supervisión por parte del Frob.
El problema es que esa solución, sugerida en varios momentos por el Frob, no termina de convencer, sino todo lo contrario, a Bruselas, que quiere que las entidades nacionalizadas sean vendidas y que el sistema financiero español se reestructure. No que termine creándose un banco público que compita con los privados, aunque sea temporalmente.
Tampoco parece entusiasmar al presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, cuyo equipo, al estar formado por veteranos banqueros, sería el que llevara el timón de ese hipotético grupo.
El equipo que gestiona actualmente NCG Banco, liderado por José María Castellano y César González-Bueno, insiste en mantener su independencia operativa y en concretar la entrada de inversores privados, fundamentalmente fondos de inversión internacionales.
En el Frob insisten en que la finalidad es que el saneamiento de la banca cueste lo menos posible al contribuyente. Y que “con ese objetivo adoptará las medidas que, en cada momento, se consideren oportunas”.
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