China más allá del tópico. Con esta pretensión, el Instituto de Estudios Empresariales ha apadrinado la publicación del libro “El despertar de China”, cuyo autor Luis Torras (1984), antiguo estudiante en el país y hoy consultor financiero, pretende despejar algunos errores que se cometen frecuentemente a la hora de encuadrar la magnitud del gigante asiático.
En la presentación, que ha contado con la participación del presidente de la patronal CEOE, Juan Rosell; de Eduardo Euba, del ministerio de Economia; y de Huang Yazhong, diplomático chino en España; el autor, Luis Torras, ofrece una visión que pretende corregir algunos estereotipos sobre el papel de China en el mundo.
Así, Torras destaca la singularidad del modelo de crecimiento económico chino y su relación con la política. En su opinión, en contra de algunas visiones, el crecimiento en China no tiene por qué derivar hacia la democratización del país.
China, por influencia de Confucio, ordena sus preferencias de un modo distinto a Occidente. Los chinos valoran más la estabilidad y el buen gobierno que la libertad individual, afirma. En esta línea, la fórmula actual de gobierno político está monopolizada por el Partido Comunista chino, “que no es un partido, ni es comunista”, aclara el autor del libro, miembro del Instituto Juan de Mariana.
A pesar de su potente unidad política, China esconde en su vasto interior una gran diversidad de todo tipo: económica, social, geográfica y cultural. Así, en su seno, conviven regiones más ricas que Europa con otras más pobres que África. Distancias de magnitud continental. Todos los climas y religiones. Y hasta 56 etnias, corrobora Huan Yazhong.
China ha completado en 3 o 4 décadas un proceso que llevó a Occidente dos siglos, subraya el diplomático. Pese a ello, la industrialización aún no ha terminado, añade. Y la urbanización se encuentra todavía a la mitad.
“Ningún país lidera el mundo vendiendo camisas y zapatos”, agrega Yazhong. Así, el país quiere pasar ahora de la cantidad a la calidad.
En su paso hacia la economía del conocimiento, el ‘gigante’ cuenta con recursos acordes a su tamaño. Según recuerda Eduardo Eubas, una de cada cuatro patentes inscritas en todo el mundo proceden de China. Un país que, cada año, ‘produce’ un millón de ingenieros “de primer nivel”. Y que ya se está convirtiendo en el primer proveedor de conocimiento mundial, concluye.
En esta línea, el país, que se enfrenta a problemas como las diferencias sociales, la contaminación, el envejecimiento de la población, deberá transformar su modelo productivo, si quiere seguir alimentando un crecimiento que consigue doblar en pocos años su PIB, recuerda Rosell.
“Urge comprender al gigante chino”, concluye el autor del libro, quien sostiene que, en el siglo XXI, el crecimiento económico no se basará tanto en incrementos de productividad, como en la capacidad para cooperar. Por eso, España y China deben construir “autopistas de prosperidad”, concluye.
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