Muchos símbolos para un papado que antes de comenzar ya había sido puesto sobre el análisis inquisidor de los «expertos» vaticanistas no creyentes o no practicantes y que ahora le espera otra inquisición por parte de los mismos analistas que querrán que cambie a gusto de ellos lo que no tiene que cambiar, porque ni debe ni siquiera puede modificar lo sustancial de la doctrina cristina y que está en el legado y mensaje eterno e inmutable que dejó Cristo a su Iglesia.
Pero siguiendo con los muchos símbolos que están dejando estas primeras horas de papado de Francisco se puede comenzar con el anuncio de la elección. Una tarde lluviosa y gris al anochecer como una imagen del mundo actual frente a la doctrina católica.
Y en la plaza unos cuantos miles, muchos pero pocos en comparación con los que faltaban, aguantando el mal tiempo a la espera del nuevo Papa.
Tampoco es un pontífice ni italiano, ni del resto de Europa o de alguno de los países llamados ricos como Estados Unidos. Es sudamericano y procede de Argentina. También pertenece a una orden importante en la Iglesia, la Compañía de Jesús, que a lo largo de la historia han sido objeto de grandes persecuciones y han dado muchos mártires a la Iglesia.
No es italiano pero curiosamente tiene un apellido procedente de aquel país. Antes de ser sacerdote hizo una carrera civil. En concreto la de Ingeniería Química por lo que se le puede aplicar el dicho español de que fue cocinero antes de fraile, en este caso laico antes de clérigo.
Entre San Francisco de Asís y San Francisco Javier
En cuanto a los nombres, Francisco nos recuerda al santo pobre de Asís lo que augura ya un mensaje de amor con más intensidad hacia los pobres precisamente ahora cuando la crisis económica ha agudizado las desigualdades sociales y llevado a muchas familias a la indigencia y la necesidad.
Respecto al otro Francisco, el de Javier es Patrono de las Misiones lo que conecta con la insistencia de Juan Pablo II y Benedicto XVI sobre la necesidad de llevar el Evangelio de nuevo un mundo occidental, antes cristiano pero que en los últimos años le ha dado la espalada a Dios.
Habemus Papam
El anuncio de su elección siguió los ritos ya conocidos. «Annuntio vobis Gaudium magnum, Habemus Papam. Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium«.
Con esta fórmula latina, el cardenal protodiácono, el francés Jean-Louis Tauran anunciaba el nombre del nuevo Papa: el argentino y arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio quien ha adoptado el nombre de Francisco.
En un primer momento casi todo el mundo habló de Francisco I, pero solo se le conocerá con el número romano añadido al nombre cuando haya en un futuro otro Papa con el mismo nombre quien entonces será llamado Francisco II.
El anuncio se hizo sobre las 20,15 horas aunque fue el humo blanco de la tercera fumata del Cónclave el que a las 19.06 horas y bajo una intensa lluvia daba cuenta al mundo de que había sido elegido un nuevo Papa.
En la plaza de San Pedro numerosas personas que aguantaban bajo las inclemencias del tiempo acogieron con júbilo, oraciones y gritos de «Viva el Papa» la noticia anunciada por la «fumata blanca».
Es el primer Papa miembro de la Compañía de Jesús y también el primer hispanoamericano en ocupar la Silla de Pedro.
El cardenal Bergoglio salió al balcón de la Plaza de San Pedro como el Papa Francisco I vestido con una sotana blanca y llevando una sencilla cruz a diferencia del otros nuevos pontífices que llevaban más ornamentos.
Ya como Papa salió al balcón de la Plaza de San Pedro e impartió su primera oración Urbi et Orbi no sin pedir antes que se rece por él.
En sus primeas palabras tuvo un gesto de humor cuando dijo que «parece que mis hermanos cardenales han ido casi al fin del mundo«, para elegir a un Papa.
Francisco I tuvo también a su antecesor, Benedicto XVI, en sus primeras palabras y pidió a los congregados en San Pedro y a quienes seguían sus palabras por radio, televisión o internet orar por el papa emérito.
Sus palabras concluyeron con un recuerdo a la Madre de Dios y afirmó que al día siguiente iba a ir a rezar a la Santísima Virgen para que cuide a Roma.
La elección se ha producido en el segundo día del Cónclave, y en la cuarta o quinta votación que han llevado a cabo los 115 cardenales electores. Será el sucesor de Benedicto XVI y el 266 Pontífice de la Iglesia Católica.
Ingeniero Químico antes que sacerdote
El nuevo Papa es arzobispo de Buenos Aires. Tiene 76 años y fue nombrado cardenal por Juan Pablo II en el consistorio del 21 de febrero de 2001, con el título de San Roberto Belarmino.
Nacido en Buenos Aires pero con raíces italianas, estudió y se graduó como ingeniero químico, pero después eligió el sacerdocio y entró en el seminario de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 se unió al noviciado de la Compañía de Jesús y posteriormente estudió humanidades en Chile.
En 1963, regresó a Buenos Aires y cuenta con una licenciatura en filosofía en la Facultad de Filosofía de la máxima colegio «San José San Miguel. Entre 1964 y 1965, fue profesor de literatura y psicología en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe en 1966 y ha impartido estos temas en el colegio del Salvador de Buenos Aires.
De 1967 a 1970 estudió teología en la Facultad de Teología de la máxima colegio «San José», en San Miguel, donde se graduó. En 1969 fue ordenado sacerdote. También ha sido maestro de novicios en Villa Barilari, de San Miguel (1972-1973), profesor de la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia y Rector del Colegio Arriba.
En la década de los 80 viajó a Alemania para completar su tesis doctoral y posteriormente se trasladó a la iglesia de la Compañía en la ciudad de Córdoba como director espiritual y confesor.
El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró Obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió de la Catedral de Buenos Aires la ordenación episcopal del cardenal Antonio Quarracino, el Nuncio Apostólico, Monseñor Ubaldo Calabresi y el obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.
El 3 de junio de 1997 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires y, a la muerte del cardenal Quarracino, el 28 de febrero de 1998 fue nombrado arzobispo de Buenos Aires. Desde noviembre 2005 hasta noviembre 2011 fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
Es miembro de las congregaciones para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para el Clero, para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; del Pontificio Consejo para la Familia: de la Pontificia Comisión para América Latina.
También es autor de los libros «Meditaciones para religiosos» de 1982, «Reflexiones sobre la vida apostólica» en 1986 y ‘Reflexiones de esperanza’, de 1992, según señala el Vaticano.
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