Al final, la Fed va a conseguir su empeño de rebajar el paro en Estados Unidos incluso antes de que la economía se ponga a funcionar como es debido. Las peticiones iniciales de desempleo de la semana pasada fueron 330.000, casi en los números de la «normalidad» y muy lejos de las 700.000 peticiones que se registraban en pleno auge de la crisis.
Y esto comienza a ser valorado positivamente por el mercado. Si hace bien poco penalizaba las buenas cifras de empleo, algo ha debido cambiar para que ahora haga justo lo contrario y premie el buen dato. Y eso que ha cambiado es la convicción de que mientras el secuestro presupuestario esté en marcha, la Fed no va a rebajar ni un ápice sus estímulos.
Lo malo de esta apreciación es que puede suceder que cuando se despeje esa variable ocurra lo mismo que cuando se logró el acuerdo in extremis para el techo de deuda: el mercado se vino abajo espectacularmente. Primero, porque llegó tan tarde que supuso una rebaja del rating americano y, segundo, porque una vez arreglado ese problema sí que era posible que la Fed relajara su hiperactividad. Estamos ante un escenario semejante.
Pero de momento no podemos jugar a ser adivinos y lo que vemos sin bola de cristal es que el S&P 500 quiere conseguir nuevo máximo histórico, que el Dow Jones ha logrado su décima subida consecutiva y que los analistas empiezan a mirar los datos de volumen con preocupación, advirtiendo que no carbura como debiera.
Una vez más, siento disentir. Los analistas buscan en el volumen una nueva justificación para la caída definitiva, esa que llevan anunciando desde hace meses y que no termina de producirse. Deberían releer a Kostolany y darse cuenta de que cuando las fulgurante subidas y los nuevos máximos son recibidos con estallidos de volumen, sí que podemos estar ante el fin del ciclo alcista.
Es en esas circunstancias cuando se produce lo que los técnicos llaman distribución y yo prefiero llamar empapelamiento, proceso en el que los grandes pasan sus acciones compradas a precios bajos a los incautos particulares que compran a precios altos. Pero los particulares están tan temerosos aún que su participación en el mercado se produce con cuentagotas.
¿Quiere esto decir que no habrá corrección? No, ni mucho menos. Habrá corrección cuando toque, pero no fin del ciclo. Es más, por mis cuentas les confieso que me sale un impulso completo más después de esa corrección y ese nuevo impulso debería llevar a nuevos máximos de nuevo. Luego dirán que no me mojo…
Pero eso será, o no será, en el futuro. En el rabioso presente, el S&P 500 está a sólo dos puntos de su máximo histórico y salvo cataclismo mañana lo superará a lo largo de la sesión. Ya veremos si lo hace al cierre. Hoy la vela ha sido alcista a más no poder, abriendo en mínimos y cerrando en máximos, así que todo queda a la espera.
Al cierre, el Dow Jones avanzó un 0,58%, el S&P 500 un 0,56% y el Nasdaq Composite un 0,43%.
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