FCC abre a partir de ahora una nueva etapa en su historia, según la dirección del grupo. Porque no se trata unicamente de fijar unos objetivos estratégicos, sino además dar un giro a la empresa de forma que se garantice su futuro y rentabilidad. No es una refundación, pero el objetivo es adaptar la compañía al hostil entorno en el que se desarrolla sus actividades, especialmente en España.
El camino no es muy largo, el plan se contempla para el periodo 2013-2015, pero cuenta con temas muy duros, como es la reducción de más de 1.000 puestos de trabajo, básicamente en el área de construcción en España, aunque los recortes afectarán asimismo al «aparato» del grupo. El consejero delegado de la empresa, Juan Béjar, aseguró que se trata de una medida que la dirección intentará materializar de acuerdo con los sindicatos y, en el porcentaje que sea posible, a través de prejubilaciones. No aportó la crifra del coste de este ERE, que ya ha dado los primeros pasos, pero recordó que el grupo tiene provisionados 60 millones de euros el pasadao año.
El plan se sustenta de dos pilares: la concentración en dos áreas y en el fortalecimiento de la estructura financiera. Infraestructuras y servicios, en los que se incluyen la gestión del agua, van a ser aún más los negocios centrales del grupo, mientras que la desinversión en otras actividades -también en construcción- servirán para aportar ingresos y reducir deuda. El plan del grupo que preside Esther Alcocer tiene como objetivo obtener 2.200 millones de euros en desinversiones hasta 2015 y recortar la deuda en 2.700 millones, para lo que también ayudará una generación de caja de 850 millones al año.
Entre las participaciones no estratégicas en España que están en el mercado figuran la inmobiliaria Realia, Globlavía y la división de energías renovables. Béjar aseguró que la salida de la inmobiliaria se cerrará después que esta empresa alcence un acuerdo con la banca acreedora con la que negocia la refinanciación de un créditro de 850 millones de euros.
Y la filial centroeuropea Alpine, que está a punto de cerrar la refinanación de su deuda, se verá afectada por el plan ya que deberá centrarse en los mercados más rentables, con criterios de inversión más estrictos, al tiempo que deberá acomete un proceso de desinversiones en negocios no estratégicos.
Pero hay más metas. Y una global es recuperar un Ebitda (resultado bruto de explotación) de 1.200 millones, similar al conseguido en 2011 y que descendió hasta los 753 millones en 2011, así como la vuelta a beneficios que conllevará el reparto de dividendos. Béjar no se comprometió, pero dio a entender que beneficios y dividendos podrán adelantarse en la medida que el cumplimiento de las líneas estratégicas se aceleren.
Si bien, el menor perímetro de consolidación tendrá un casi inevitable efecto negativo: la facturación pasará del entorno de los 12.000 millones de 2011 a los 9.700 millones. Además, el plan señala como metas la eficiencia en las operaciones, con costes adaptados a las condiciones del mercado actual, una deuda y una estructura de capital adecuadas a la generación de caja de los negocios con una presencia internacional limitada a zonas y actividades más rentables. Para el grupo que dirige Juan Béjar, «todo ello dará como resultado una mayor generación de caja y un menor endeudamiento para aprovechar nuevas oportunidades de crecimiento».
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