Yo no creo en las casualidades. Nunca he creído en ellas y me resisto a pensar que existan siquiera. Desde ayer, los indicadores de amplitud del mercado americano se han puesto a apuntar al Sur con descaro, tras hacer un nuevo máximo pero con más valores bajando que los que subieron.
Hoy hemos podido leer en la magnífica página Serenity Markets que «ayer estaría Wall Street de nuevo de máximos pero el caso es que las instituciones no fueron las que compraron, pues ayer redujeron su saldo comprador neto bastante claramente».
Todo esto después de una fulgurante reacción en Europa y de un máximo en Wall Street, lo que indica que hay algo sosteniendo el mercado y no es precisamente lo que debe sostenerlo. La lógica indica que, por tanto, todo está cogido con alfileres y que en cuanto uno no aguante más…
Pues el que puede que no aguante es Portugal. El gobierno se enfrenta a una nueva sesión de censura y a la posibilidad de que la Justicia pueda decretar que algunas de las medidas tomadas para ajustarse a los deseos de Europa para el rescate son ilegales. Se cierne sobre el futuro político portugués un nubarrón en forma de amenaza de dimisión de Passos Coelho si llegaran a declararse ilegales las medidas tomadas.
¿Y qué tiene esto que ver con el mercado? Sencillo. Los bancos portugueses han caído con fuerza y han contagiado a un sector financiero europeo ya debilitado desde la lamentable gestión de la crisis chipriota. No están las cosas para hacer tonterías. Portugal puede ser de nuevo un foco de problemas y es bastante más grande que Chipre.
Pero no es el único problema. Por aquí tenemos otros cuantos, con los ineptos que mandan nuestra economía haciendo de trileros con Europa. Les presentan un déficit que no es y un presupuesto que no se cree nadie. Ahora niegan negociaciones para relajar el objetivo de déficit, pero cuando el río suena, agua lleva y me temo que no es ese el agua que lleva.
Mucho me huele a que no es España la que negocia, sino Bruselas la que ha llamado a capítulo a nuestros contumaces mentirosos. Y el mercado se lo huele también, así que tampoco es que aflojen con nosotros. La rentabilidad de la deuda a 10 años, que pareció irse hacia abajo, sigue instalada en las cercanías del 5%, punto arriba punto abajo, y no hay perspectivas de que salga de esa zona por el momento.
Y si ampliamos un poco la escena, encontramos a una Italia cada vez más digna de una película de Fellini, una Eslovenia a la que todos miran con resquemos y una Croacia que empieza a mostrar síntomas preocupantes, junto a una Francia que sigue siendo un quebradero de cabeza.
Muy edificante no es el panorama, pero peor es el horizonte: nadie cuenta con solución alguna hasta que pasen las elecciones alemanas, lo que supone esperar hasta pasado el otoño cuando acabamos de entrar en la primavera. Es el «timing» comunitario. Malditos políticos y sus bastardos intereses.
En fin, que me caliento. Iba simplemente a preguntarles que si les parece que en estas circunstancias ha bajado el mercado lo suficiente. Si les tengo que ser sincero, a mí me parece muy poco, más aún cuando en la apertura de Wall Street el ISM de servicios ha llevado de nuevo a la decepción.
Al cierre, el Dax perdió un 0,87%, el FTSE un 1,08%, el CAC un 1,32% y el Ibex un 1,81%. Como siempre, para todo hay categorías y cuando se trata de bajar, el Ibex siempre a la cabeza…
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