De esta forma, lo que parecía un susto en toda regla a mitad de sesión quedó en una nueva jornada de ida y vuelta o de vuelta e ida, como cada cual prefiera. Y una vez más se cumplió la «regla de la última media hora» en la que Wall Street acostumbra últimamente a dispararse sin mayor motivo.
La jornada comenzó con temores y terminó casi con optimismo. Ni el dato de las ventas minoristas, realmente malo, fue capaz de que Wall Street reflexionara durante más de un par de horas o tres. Luego, el dinero debió pensar que ya había precios «a punto de caramelo» y se lanzó a las compras.
Tanto fue así que el Dow Jones terminó exactamente como empezó. El S&P 500 no fue tan lejos y terminó perdiendo un 0,28 y el Nasdaq Composite un 0,16%. Nada comparado con lo que ocurría a mitad de jornada, pero de eso ya nadie se acordaba.