Eso sí, hubo alternativas. Incluso, en algún momento pareció que Europa podría remontar y terminar en positivo aprovechando la apertura alcista de Wall Street. Pero no. Se impuso la lógica que indica que una corrección como la que ayer sufrió el «faro» de las Bolsas mundiales tendría que tener alguna repercusión en mercados que habitualmente replican lo ocurrido en Estados Unidos.
Así, con las debidas distancias, tiene toda la lógica el movimiento bajista y si por algo sorprende es por su suavidad, especialmente en el Dax alemán.
Posiblemente, el hecho de que los bonos de los países periféricos mantengan las posiciones, que las primas de riesgo no se hayan disparado y que España haya colocado nuevamente hoy deuda a mejores tipos y en mayores cantidades ha contribuido a «suavizar» la evidente sesión con la que se afrontó la jornada.
El problema radica ahora en ver qué va a hacer Wall Street. Por lo general, una caída de la magnitud de la del lunes no suele quedar en anécdota. Suele tener consecuencias, pero dado que todo se ha vuelto completamente loco tampoco es descartable que Wall Street intente la machada.
En cambio, tengo serias dudas de que los índices europeos anden con fuerzas suficientes como para hacer demostraciones de cualquier tipo. Bien al contrario, no han aprovechado los máximos al otro lado del Atlántico ni siquiera para conseguir máximos anuales. No han logrado remontar y se encuentran en un estado de apatía generalizada.
Seguramente es el precio de seguir bajo los dictados de Frau Nein y sus secuaces, pero es lo que hay. Esperar algo de los mercados europeos suena realmente a utopía. Ni Londres está para trote alguno.
Al cierre, el Dax se dejó un escueto 0,39%, en tanto que el FTSE perdió un 0,62%, el CAC un 0,67% y el Ibex un 0,82%.
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