Era el único que podía seguir la estela de Wall Street y se ha decidido a hacerlo. El Dax alemán está en máximos históricos desde ayer y técnicamente desde hoy, cuando ha confirmado con fuerza un segundo cierre por encima de ese nivel. Es una pequeña demostración de fuerza y evidencia a las claras las diferencias entre las economías de los distintos países europeos.
El siguiente que podría conseguir semejante hito es el FTSE, pero le quedan aún más de 400 puntos y dado que suele tomarse las cosas con más calma (y con más seriedad en la mayor parte de las ocasiones), puede llevar su tiempo. A continuación sería el SMI suizo el más aventajado en esta carrera, pero a considerable distancia de sus hitos históricos.
¿Y el CAC? Pues curiosamente, tan hundido como el Ibex. El índice francés ha retrocedido desde sus máximos un 40,93% y el selectivo español un 45,66%. Hay diferencia, pero acostumbrados a decir siempre que el Ibex es el peor entre los peores, resulta que otros a la chita callando no lo están haciendo mucho mejor que se diga.
Por tanto, queda demostrado que la «locomotora alemana» no solo no es capaz (por intereses varios que ya hemos tratado en otras ocasiones) de tirar de la economía europea, sino que tampoco parece tirar realmente de la Bolsa. Una Europa unida y bien unida como puede observarse a simple vista.
Pero tratemos de encontrar una razón a las renovadas fuerzas mostradas por los índices europeos. Otra vez tiene mucho que ver con el BCE y la idea de que pondrá toda la carne en el asador para que las pymes obtengan financiación, para que el crédito vuelva a fluir.
Y no se crean que este es solo un mal que afecte a España. En el resto de Europa ocurre exactamente lo mismo y posiblemente las diferencias tengan más que ver con el tipo de empresario que podemos encontrar. Mientras aquí los del pelotazo se apresuraron a comprar coches, casas y barcos, en otros lares hicieron remanente para cuando vinieran mal dadas. No digo que aquí no haya alguno así, pero los más fueron de los otros.
A lo que íbamos. En el mercado ha calado mucho aquella frase de Draghi en la que subrayaba estar preparado para «rentabilidades negativas» para los bacos que depositaran sus dineros en el BCE en lugar de hacerlos circular por el canal tradicional bancario.
En román paladino eso supone pagar por depositar el dinero y sería una medida realmente efectiva para poner dinero en circulación. El BCE ya no paga nada por los depósitos y está empezando a pensar en cobrar. Así el dinero tendrá que salir de las arcas del BCE. Una parte irá a comprar deuda pública y la presión compradora tendrá el efecto de rebaja de los tipos de interés. Y otra parte tendrá que ir necesariamente a crédito.
Esto es lo que piensa el mercado, aunque no se ha parado a pensar en cuestiones accesorias como la solvencia de ese crédito. Imaginen que una empresa española precisa liquidez porque su tesorería ha mermado como consecuencia de la falta de pago por parte de administraciones públicas. ¿Le concederá alguien el crédito por mucho que haya un plan de pagos a proveedores que no ha resuelto el problema ni mucho menos?
Pues eso. Que el mercado se ha ilusionado de nuevo con posibilidades y que eso se ha traducido en subidas. Y como siempre, cada cual en su nivel. El Dax potente y el Ibex pues más moderado. Apuntemos a Telefónica y la mala acogida (corregida bastante al final de la sesión) que han tenido sus buenos resultados para no escarbar más que luego me tachan de antigubernamental…
Al cierre, el Dax avanzó un 0,83%, el FTSE un 0,40%, el CAC un 0,89% y el Ibex un 0,62%.
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