De cuando el Perú volvió a joderse

17/05/2013

Daniel Serrano. Albatros se lee sin pausa, conmociona y conmueve, no hay lecciones morales explícitas en su relato, todo es un poco más complejo, hombres y mujeres que tienen que seguir adelante con su existencia mientras el infierno apesta a su alrededor.

Naturalmente, al leer Albatros nos acordamos de Conversación en la catedral. Dos viejos compadres chupando duro (chela tras chela) y a vueltas con la pregunta trágica que resume un país entero:

-¿En qué momento se jodió el Perú?

El Perú anda ahora (según parece) bastante mejor pero permaneció jodido demasiado tiempo y el limeño José Luis Torres Vitolas nos lo recuerda. Hace bien poco gobernaba El Chino y Sendero Luminoso mataba y mataba el ejército en respuesta, sin hacer distingos, a culpables e inocentes por igual. Esa pesadilla se relata en Albatros y sus protagonistas son dos integrantes de un comando militar encargado de ejecutar subversivos: Sergio Castillo y el Cucaracha.

La etapa de gobierno Fujimori fue un capítulo más en el interminable desastre de un Perú donde miseria y violencia han sido caldo de cultivo de todo horror. Sergio y el Cucaracha son asesinos exiliados en Ginebra, maceran su melancolía en cerveza, han asesinado y torturado pero también son capaces de insospechados arrebatos de humanidad (leves, apenas fogonazos de algo que perdieron por el camino, bala a bala en una guerra confusa donde la sangre sostiene corrupciones y maniobras de poder). Torres Vitolas nos expone la brutalidad que fue cotidiana en el Perú de los 90 (y mucho antes), la vida herida a cada minuto, el modo en que se forjan los asesinos. Así fue el Perú, nos dice Torres Vitola en esta impactante novela.

Albatros se lee sin pausa, conmociona y conmueve, no hay lecciones morales explícitas en su relato, todo es un poco más complejo, hombres y mujeres que tienen que seguir adelante con su existencia mientras el infierno apesta a su alrededor.

Fujimori ya es historia. Menciona Torres Vitolas, en un momento dado, que el ahora encarcelado ex presidente fue candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Qué cosas. Desde fuera, supongo, el horror no era tan evidente. Desde dentro, nos cuenta Torres Vitolas, el fujimorismo supuso una suerte de régimen totalitario tutelado por un núcleo duro de militares y espías entregados al latrocinio.

Arranca esta interesante novela con una especie de cita (o micropoema) de inquietante belleza: “Justo iba a dar el paso/ cien y abandonó el camino./ Era febrero,/ una tarde llena de sauce”. Y a partir de ahí: cerveza fría en una calle de Ginebra, dos camaradas de tropelías derrotados por el tiempo y el exilio, los recuerdos de una infancia miserable, la huida hacia adelante, cumplir órdenes, matar, no sentir casi nada, ir a un baile y después volver a matar, a ancianos, jóvenes, adultos, mujeres, niños. Sergio y el Cucaracha aniquilan sin pensarlo demasiado, son piezas de un engranaje que ha borrado toda moralidad del paisaje. Y Torres Vitolas hace bien en retratarnos a ambos asesinos sin aleccionar de modo obvio. Sergio y el Cucaracha no son monstruos, lo cual resulta mucho peor.

Buena novela, Albatros. La literatura peruana sigue y, en este caso, atreviéndose a mirar al pasado muy reciente, tanto que todavía palpita. Perú sobrevivió a toda esa miseria, la vida siempre continúa adelante, aunque sea tan triste a veces. Albatros es un cuento triste. Muy triste. Escrito con la compleja sencillez de quien sabe que ciertos asuntos mejor no literaturizarlos demasiado.

Atrévanse. Lean Albatros. Descubran (como yo) a un autor más que estimable. Y asómense al abismo de un Perú que (una vez más) se jodió. ¿En qué momento? Es la pregunta que (a ciertas horas) todavía se hacen los escritores y los borrachos.

        Albatros. José Luis Torres Vitolas. 191 páginas. Lengua de Trapo.

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