Poesía que no cesa

31/05/2013

Daniel Serrano.  Seguimos escribiendo versos aun cuando lo desaconseja toda prudencia. Porque cae la tarde, nos enamoramos o hemos agotado la suerte.

verneintNo cesa nunca la poesía. Vivimos días extraños y días así no serían soportables sin un verso que otro (y tampoco sin cigarrillos o ginebra o el pelo rojo de la mujer que amamos). Así que seguimos soñando bruma y cae en nuestras manos un poemario escrito por una camarada de colegio y cómo no detenernos un instante, acodarnos en la memoria, montar en globo y volar muy lejos.

“Todas las distancias se han reducido/ desde que dejé de leer a Julio Verne” sostiene con determinación Sonia Fides. Asegura también: “Ya no hay niños como Antoine Doinel,/ ni mujeres capaces de morir por amor”. Bueno, de eso ya no estoy tan seguro.

Somos los hijos del Capitán Grant y avanzamos hacia la noche sin tener muy claro las coordenadas que han de guiar nuestro viaje. Sonia Fides expresa esa inquietud mediante versos perturbadores: “Tu siempre ves la flor/ y yo siempre su muerte”. O también: “Bajo la piel habitan nuestras ruinas”. No resulta precisamente plácida la lectura de Mi vida sin Julio Verne pero para la placidez ya están otros libros o bañarse en el mar una noche de verano o comerse un plátano, por ejemplo. Sonia Fides prefiere desafiarnos y dibujar ferocidades, un poco con voz de trueno, haciendo sangre de las caricias, suena Leonard Cohen o Benjamin Biolay en el tocadiscos, es Florencia y otros tiempos y es hoy mismo, al otro lado de la ventana.

Este poemario contiene pasajes dolorosos pero también luminosa ternura. Hay hasta unos versos dedicados al inconmensurable cantautor Manuel Cuesta. Y palabras que encuentran su significado preciso en el humo de una página: “La noche inventa sonidos que el día desconoce”.

Si me hubieran dicho, cuando la conocí, que Sonia acabaría siendo la poeta que es, no lo hubiera creído. Entonces, cuando el futuro era 3º de BUP, nos dedicábamos a pelearnos con toda la crueldad de la que dos adolescentes son capaces. Que es toda la crueldad imaginable. Pero hoy escribo acerca de un poemario suyo y hemos dejado de pelearnos aunque (sospecho) ninguno de los dos ha abandonado del todo la adolescencia. Porque seguimos escribiendo versos sabiendo que quienes creen que no sirven para nada están profundamente equivocados. Los versos tienen la utilidad de la que carecen la mayor parte de las cosas. Los versos nos hacen mejores y mi gata dice miau cuando escucha poemas y mi pelirroja me aprieta la mano fuerte y el mundo se convierte en un lugar un poco más habitable.

Pero nos estamos poniendo sentimentales y no es ese el objeto de estas líneas sino recomendarles vivamente la lectura de Mi vida sin Julio Verne. Creo recordar que fue Jesús Munárriz quien me dijo: “En cualquier libro de poemas, hasta en el peor, hay un verso que nos deslumbra”. En este libro hay mucho más que un verso deslumbrante. Este poemario es una bala trazadora que ilumina el cielo, en completo silencio, justo momentos antes de que caiga sobre nosotros la furia desatada de la batalla que es vivir día tras día. Vaya. Lo he vuelto a hacer. Me he puesto solemne y tal vez ridículamente poético pero la poesía inspira poesía y si me conocen, sabrán que no me caracterizo precisamente por mi contención.

Los poetas se exponen, exhiben sus vergüenzas en público, rompen a cantar en mitad de la noche, son como borrachos o como niños. Todo eso está en Mi vida sin Julio Verne. Las confesiones más íntimas, las lágrimas y las risas, el hilo del recuerdo.

Un poco de poesía, qué caramba, siempre viene bien. Con que anímense y lean Mi vida sin Julio Verne y, si les apetece y cazan esta recomendación a tiempo, pueden acudir a la Feria del Libro de Madrid a que la propia autora les firme un ejemplar: sábado 1 de junio de 17 a 20 h en la caseta 240. De nada.

Mi vida sin Julio Verne. Sonia Fides. 69 páginas. Ediciones con carrito.

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