Salario mínimo, menudo lujo

03/06/2013

Germán Temprano.

Cuando el gobernador del Banco de España habla, siempre hay que escucharle. No hay que olvidar que está al timón de una prestigiosa institución que, sin ir más lejos, se comió con papas la burbuja inmobiliaria, los achaques de las entidades financieras o la estafa de las preferentes. Unos detallitos a la altura de los que tuvo la trama Gürtel en la boda Aznar-Agag. Cierto es que por entonces no estaba el señor Linde al frente aunque, por sus recientes soflamas, reproduce de manera mimética patrones bien conocidos de etapas anteriores. Consisten, básicamente, en pontificar de puertas hacia fuera más que en resolver de las mismas hacia dentro. Decir que las recetas de Linde han ido demasiado lejos sería pecar de optimismo. En una coyuntura económica tan propicia como la actual a regresar a los albores de la revolución industrial ya habrá quien aporte en breve un disparate mayor.

Hace tiempo que se abrió la veda. Y así, quien cobra un salario que multiplica por ocho o por diez la media del común de los mortales, no tiene empacho alguno en proponer que haya quien trabaje por debajo de los poco más de seiscientos euros que establece el salario mínimo (por cierto, una conquista en los derechos de los trabajadores que data del siglo XIX; ahí queda el dato). Eso sí luego el provocador es quien ‘escrachea’ o rodea ese Congreso que todavía tiene los gin tonic a precios anteriores a la entrada de Tejero.

No se trataría tanto de aludir a la legalidad vigente para rebatir ese despropósito como de apelar a las líneas rojas de la dignidad laboral que nunca se deberían traspasar. Ya se hace bajo cuerda al calor de las necesidades de quienes sólo pueden elegir entre la más absoluta de las explotaciones o la más absoluta de las miserias. De eso a darle marchamo institucional media un abismo al menos de las mismas proporciones que el abierto entre quienes se ríen de la crisis y quienes la padecen con toda su crudeza.

Entre los primeros, por cierto, algunos de los altos ejecutivos bancarios que se llevan a casa pensiones muchimillonarias  sin que Linde, partidario, por supuesto, de reformar las otras, haya dicho esta boca es mía. No es casual que siempre que se reúne un grupo de expertos para debatir sobre el futuro de las pensiones sea para empeorar su presente. Ahora se trata de acompasar su subida a la esperanza de vida. Claro que de seguir echando a médicos para recortar gastos es muy posible que cada vez vivamos menos y hasta nos puedan subir unas decimillas la pensión. Está todo estudiado.

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