Todos los índices acusaron sobremanera el mal cierre de Wall Street el pasado viernes en la apertura y se precipitaron a la baja durante las primeras horas de la sesión, pero los buenos datos del PMI industrial, mejores de lo esperado en general, hicieron que las cosas volvieran al lugar desde el que habían partido a primera hora de la mañana.
Punto arriba, punto abajo, los índices europeos se disponían a esperar a la apertura de Wall Street, pero dio exactamente igual. Mientras un horrendo dato del ISM de servicios catapultaba las cotizaciones al otro lado del Atlántico, aquí cundió el miedo y rápidamente volvieron los índices hacia abajo.
Es el resultado de la indecisión permanente. Los índices europeos, en su mayoría parecen un calco de los políticos que nos malgobiernan y nos esquilman. No reaccionan hasta que todo es evidente e incluso en ese momento se lo piensan. Si no fuera por el Dax, a estas horas en Europa seguiríamos en los niveles de los mínimos de marzo de 2009.
Pero es que ahora mismo, ni el Dax. El índice alemán parece en los últimos días una caricatura de ese selectivo con redaños y alegre. Se ha acobardado, aunque bien pensado a lo mejor no es esa la palabra. Al fin y al cabo, es el único que transita por zonas de máximos por estas latitudes, por lo que tiene toda la lógica del mundo que de cuando en cuando haya una recogida de beneficios.
El mercado europeo se ha deprimido y de ahí nunca suele salir nada bueno. Nos tendremos que encomendar, como casi siempre, a Wall Street, donde tampoco es que las cosas estén para tirar cohetes pero al menos tienen fuerza, alcista o bajista, pero fuerza.
Al cierre, el Dax se dejó un 0,76%, el CAC un 0,71%, el FTSE un 0,88% y el Ibex un 0,44%. Otra vez el selectivo español fue el «menos malo». De locos, se lo digo yo. Hay un miedo que atenaza y el Ibex tan contento. Luego, cuando llegan los momentos de alegría también está ajeno a la jugada, y así nos va.
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