“El modelo basado en subvenciones no va a volver”. Así de tajante se muestra Javier Celaya, autor de un estudio patrocinado por Google y la Fundación Alternativas. El informe, presentado hoy miércoles en Madrid, aboga por lanzar algunos productos en inglés y aprovechar la universalidad del español. La buena noticia es que España puede convertirse en una potencia cultural. Aunque ello exija unión de la industria y un cambio total de modelo de negocio y legal.
El informe, titulado ‘La internacionalización de las industrias culturales y creativas españolas’, recomienda la creación de una gran plataforma de distribución de contenidos culturales y creativos (cine, música, libros, revistas). Tal y como afirma Nicolás Sartorius, vicepresidente de la Fundación progresista, los cambios exigen una nueva forma de vender los bienes culturales, pero afectan también al proceso creativo.
“El modelo de la subvención fue adecuado su momento”, destaca Celaya. Sin embargo, la industria española debe encontrar su papel en la sociedad digital. Y eso incluye la búsqueda de la mejor forma de vender sus contenidos (cine, música, libros, periódicos, revistas) en los nuevos mercados.
Los autores abogan por la creación de una gran plataforma de distribución europea, un Airbus cultural, una entidad a imagen y semejanza del consorcio europeo de aviación que se encargue de distribuir contenidos culturales y creativos de toda Europa.
La internacionalización es un proceso obligado para la industria cultural, afirman los autores del estudio. “Hay que estar en el mercado. Hay que empezar a producir en otros idiomas”, añade el autor del informe. Se detectan además amenazas en mercados consolidados. Latinoamérica, por ejemplo, ha empezado ya a desarrollar sus propios contenidos.
La salida pasa por crear una plataforma de distribución y comercialización más allá del mercado español, sostienen. Y es que el mundo digital va a cambiar todos los canales de venta. En el mundo analógico se vendía por unidades: un libro o un película. Ahora, lo que la gente va a comprar es un tiempo de consumo. “No es un mercado de países, de libros o de música. Es un mercado global”, continúa. Los contenidos están en la nube y lo que se adquiere es el acceso a un producto.
España, posible potencia cultural
El problema es que la revolución digital ha cambiado hasta las raíces el modelo de negocio cultural. Y estos cambios van a obligar a los gestores culturales a renovar sus negocios profundamente. “No hay hoja de ruta”, apunta Celaya. “Nadie sabe cuál es el camino pero si nos quedamos parados nadie va a vender nada”, añade.
La buena noticia es que España tiene grandes posibilidades de prosperar en ese nuevo mercado; le favorecen sus alianzas con Latinoamérica y Europa, apunta Fernando Rueda, coordinador de la obra. El idioma español es el segundo idioma global del mundo. “La cultura es uno de los ámbitos donde podemos ser una potencia. Y esto no se está apoyando del modo que debería”, afirma Sartorius. “Pero debemos contar con el apoyo con ese apoyo público”. La Administración deberá actualizar todo el marco regulatorio, subrayan los autores del informe, que enviarán sus conclusiones al Gobierno, al Parlamento y las fuerzas políticas.
Actualmente las industrias culturales y creativas españolas representan un 5,8 por ciento del PIB español y un 6,3 por ciento del empleo. “Es aquí donde podríamos crear empleo. Y tener una influencia global. Es en lo único en lo que podemos ser globales”.
Un impulso en este sector arrastraría además a la investigación y el desarrollo I+D+i, un ámbito en el que España está retrasada. “Es donde se podría avanzar”, enfatiza. “Se habla de renovables, de automóviles. Pero es aquí donde está el futuro. Es en este sector donde se está dando la gran revolución de nuestra época”, advierte Sartorius.
La dimensión industrial de la cultura
El problema es que los Gobiernos, este y los anteriores, no han considerado la cultura como una industria, tercia Celaya. El autor del estudio cita ejemplos de buena gestión cultural en Islandia, Reino Unido y Francia.
Reino Unido ha creado un organismo que ayuda al resto de sectores a enfocar desde un punto de vista creativo sus procesos productivos. Francia, en cambio, ha levantado un laboratorio donde el sector del libro une sus esfuerzos en materia de investigación y evita así gastos individuales a las empresas. Estados Unidos por su parte ha entendido que su industria cultural y creativa es uno de los ejes de su motor económico.
Sin embargo, también el sector debe hacer autocrítica. Y es que hasta hace poco el propio sector no se consideraba una industria. “Esto está cambiando. Sin embargo, no vamos colectivamente”, anota Celaya. Por su parte, Sartorius también defiende la necesidad de asumir el componente industrial de la cultural. “La cultura no es solo el genio, escribir un libro magnífico o hacer una gran película. También es ayudar a que se venda”.
El problema en España es el minifundismo. La mayoría de las empresas son pequeñas. Y eso dificulta su desarrollo en un mundo tan competitivo. Este minifundismo hace que no seamos competitivos en Internet, donde las economías de escala son clave, apunta Celaya.
En términos económicos, “se trata de posicionarse en un mercado que ahora es distinto”, explica Rueda. En realidad buena parte de los cambios ya están en marcha. Han aparecido muchas microempresas y algunas grandes corporaciones han desaparecido. Una idea es crear una especie de ‘Google Ñ’, un gran buscador de contenidos culturales tal y como ya están haciendo en el mundo anglosajón.
La piratería, demanda no satisfecha
La fundación progresista y los autores del estudio descartan que la industrialización suponga una amenaza para la diversidad cultural. “No obstante no debemos dejar todo en manos del mercado”, apunta. “Hay que proteger de manera distinta”, afirma.
Las industrias culturales en Estados Unidos también están subvencionadas, esgrime Sartorius. “Pero lo que pasa es que las subvenciones son distintas. No te dan dinero: hacen leyes. Apoyan mucho a su industria”, apunta.
Pone como ejemplo de la protección deseable. Que un editor tenga que vender un libro al mismo precio a todos sus clientes. Actualmente el margen comercial de un librero asciende al 30 por ciento, lo que se amplía al 50 por ciento en el caso de las grandes superficies. Así no se puede competir.
La piratería no solo se combate con leyes. El proceso de compra legal es más difícil que la descarga ilegal, siete clicks contra dos clicks en el último caso. Si realmente queremos luchar contra la piratería hay que crear una plataforma donde un solo click permita la descarga, tal y como hizo I-Tunes.
Desde el punto de vista económico, la piratería es una demanda no atendida. La única manera de luchar contra ella es ceder los derechos de autor. Compartimos la experiencia. No es lo mismo que compartir el archivo. Es el mundo digital. que le toca al sector es poner las cosas fáciles para la compra.
Aboga por una plataforma en la que se pueda consumir los que se cuelgue en cualquier dispositivo que tengas, sea una tableta, un móvil, un ordenador. Que se permita revender contenidos digitales.
Ya no hay consumo unitario ni propiedad. Debemos compensar a los creadores. Pero debemos ser muy creativos al remunerarlos.
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