Yo entiendo que tiene que ser muy duro ser el jefe del banco central de euro y tener las manos atadas para casi todo. En cierta forma, Mario Draghi es como un colegial sentado en clase, que tiene que pedir permiso para ir al servicio. Pero nosotros, los europeos, no tenemos la culpa. Si no puede hacer lo que cree que debería hacer, que se vaya, pero que no nos venga con pamplinas.
Hace ya tiempo que dijo aquello de que «creánme, podemos hacer muchas cosas» como colofón a una encendida defensa del euro, pero nadie le ha visto hacer ninguna. No ha hecho absolutamente nada salvo amagar de farol con entrar a saco a comprar deuda de los países periféricos, eso sí a un plazo de hasta tres años. Cierto es que este brindis al sol fue clave para que amainara la tormenta sobre España e Italia, pero no es menos cierto que a estas alturas todavía no puede cumplir su palabra.
Es más, todavía está por ver que pueda cumplirla ya que el Tribunal Constitucional alemán podría negar el apoyo de este país a la medida y, por tanto, resultar inviable. El Alto Tribunal tiene que pronunciarse uno de estos días y, recordemos, el Bundesbank no disimuló ni un pelo sobre sus aspiraciones: le pidió que declarara inconstitucional la pretensión del BCE avalada por un Consejo Europeo y firmada en una Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno.
Total, que a Draghi le pasa como al diablo, del que el refrán asegura que «cuando no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo», así que como no tiene nada que hacer y lo que debería hacer no se atreve a ponerlo en práctica (cobrar a los bancos por los saldos depositados en el BCE), se dedica a hablar de previsiones macroeconómicas y a frustrar expectativas salidas desde las mismas filas del BCE.
Hace ya dos reuniones que se indica que el BCE podría entrar en la ayuda a la financiación de las pymes. Instrumentos a su alcance debe tener como doscientos, pero no terminan de ponerlos en práctica. En resumidas cuentas, el supervisor bancario no se atreve a apretar a los bancos. En cambio, clama por una mayor velocidad para la reforma que considera fundamental: la unión bancaria.
Ya veremos si Frau Nein quiere ahora imprimir velocidad a esta iniciativa, a la que ha estado metiendo el bastón entre las ruedas desde tiempo inmemorial. De momento, sus declaraciones han sido algo más suaves en los últimos tiempos que aquellas de antaño en las que decía claramente aquello de «verdes las han segado».
En definitiva, que el Consejo de Gobierno del BCE se reunió nadie sabe bien para qué, porque por no hacer ni siquiera bajaron los tipos de interés. Eso sí, el bocachancla dijo aquello que siempre se espera de un banquero central responsable «seguimos todo muy de cerca y si hay que hacer algo, lo haremos».
Así llevamos desde 2009 y no salimos del hoyo. Es más, el otro en discordia, el inútil FMI hace ahora una revisión del rescate a Grecia (recordemos que fue el más reticente a firmar porque le parecía flojito) y dice que se hizo mal y que no se valoró el daño que harían al crecimiento económico las medidas que se obligó a tomar al gobierno. Eso sí, la culpa la tuvo la UE.
Ignoro quien tuvo la culpa, pero mucho me temo que «entre todos la mataron y ella sola se murió». Eso sí, podemos señalar con el dedo a todos y cada uno de los damnificados por ese error y los que se sucedieron posteriormente. En España hay seis millones de «paganos» de ese tipo de políticas que no valoraron los efectos colaterales. Pues miren ustedes por dónde, tienen nombre y apellidos.
Lo peor es que ninguno de esos nombres y apellidos puede contar lo más mínimo con el BCE, ni con el FMI, ni con la Comisión Europea, ni con sus propios Gobiernos. Todos aseguran ser rehenes de las imposiciones de otros y esos otros apuntan siempre al mismo sitio: Frau Nein. No me extraña que en los últimos tiempos los alemanes no sean precisamente los más populares del cole…
Total, que para lo único que sirvieron las palabras de Draghi fue para constatar una vez más que esto es un desastre y que nadie tiene lo que hay que tener (generalmente asociado a gónadas masculinas) para plantarse de una vez y hacer lo que hay que hacer. Y, desde luego, nadie tiene la dignidad suficiente como para sabiendo lo que hay que hacer y sabiendo que no le dejan, dimitir. Como decía un tuitero hace unos meses, «dimitir no es un nombre ruso».
Vean el efecto de las huecas palabras de Draghi y de la desilusión que causaron entre quienes todavía creen que es posible que alguien pegue un puñetazo encima de la mesa. Se lo dibujo sobre el Dax alemán en barras de cinco minutos y les dijo que a esa hora el Ibex subía un 1,54%:
No está mal, ¿verdad?. Pues eso, que el Dax perdió un 1,19%, el FTSE un 1,30%, el CAC un 0,99% y el Ibex un 0,89%. Y todo por la decepción que volvió a causar el bocachancla de Draghi…
PD.- No puedo resistirme a poner un gráfico del Ibex mostrando los dos «rail roads» dejados ayer y hoy. Luego pasará lo que pase, que el selectivo español es muy capaz de cualquier cosa, pero señal bajista como estas no se ve muchas veces.


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