Hace ya mucho tiempo que no hablamos de Grecia, aquél país al borde del desastre al que un plan de ajuste draconiano sumergió directamente en el desastre sólo porque los bancos alemanes tienen una exposición a su deuda de asustar. Recuerden especialmente este dato porque es loa base de todo lo demás: si Grecia sufre, el Dax se resiente de inmediato, y dado que es el índice que manda en Europa, tirará de todos los demás hacia abajo.
Dicho y hecho. Resulta que la troika le ha dado a Grecia un plazo de tres días para que presente una propuesta convincente de que los ajustes efectuados y a efectuar van a servir adecuadamente a su objetivo, que no es otro que pagar la deuda.
Los griegos, con crisis de Gobierno por medio, empiezan a estar hartos de todo y amenazan con romper la baraja. La troika, por su parte, le va a retener los 8.100 millones que deben poner encima de la mesa todo lo que sea necesario hasta cerciorarse de que las cosas van por donde tienen que ir.
Pero ahí está precisamente el problema. ¿Por dónde tienen que ir? Porque este nuevo problema ha dejado sobre la mesa el problema de fondo. Si el FMI y la Comisión Europea reconocen que el plan de rescate a Grecia fue una atrocidad y que ha sido un factor que ha ayudado más a la caída que a la recuperación del país, ¿por qué seguir en «sostenella y no enmendalla»?
Pues eso es lo que pasa. Nos hemos pasado pero está firmado y hay que cumplir lo firmado. Ya han cerrado la televisión pública, pero otras reformas de mayor calado no terminan de llegar y la troika se ha enfadado. Visto desde fuera, parece como si Grecia estuviera más dispuesta a los recortes que a las reformas, o que, razonablemente, ya no puede reformar nada más.
Sea como fuere, el caso es que parece algo que nos retrotrae dos años atrás y que pone de manifiesto lo mal que se han hecho las cosas en Grecia, cuando tenermos exactamente las mismas discusiones con ellos cada poco tiempo.
En Portugal, donde las cosas no se han hecho mucho mejor, la dimisión del ministro de Economía no ha sentado muy bien a los mercados. Este hombre, al que la Justicia le tiró abajo parte de su ajuste, ha terminado de enunciar las nuevas formas en las que se conseguirá el objetivo pactado con la troika y la UE y se ha ido a su casa. Y yo le alabo el gusto. No hay dinero que pague la tarea que este hombre se traía entre manos, ni ansias de poder que valgan, ni ego que lo justifique. Se ha hartado y se ha ido a casa.
Total, que con problemas antiguos sobre la mesa los mercados europeos reaccionaron entrando en una suerte de túnel del tiempo y haciendo lo mismo que hacían cuando estos mismos problemas eran lo cotidiano, lo de cada día. El Dax se puso malito y el FTSE intentó tirar del carro, pero el Dax es mucho Dax y terminó por arrastrar a todos.
Y, por supuesto, la famosa resistencia del Eurostoxx en su media de 200 sesiones, insuperable hasta el momento:
Es un caso de auténtico libro y lo peor es que cada día que pasa sin superarse el asunto va tomando peor cariz, porque al otro lado del Atlántico la resistencia de 50 sesiones se les está atragantando también al S&P 500 y al Dow Jones. Y ya son muchos atragantamientos…
Respecto al Ibex, cabe destacar que el selectivo español lo intentó en plan llanero solitario. Apoyado en un buen dato de paro y en que el FTSE no respaldaba absolutamente el movimiento a la baja del Dax, el selectivo español pasó buena parte de la mañana en positivo, pero al final «lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible». Poco, pero terminó bajando.
Al cierre, el Dax se dejó un 0,96%, el FTSE un 0,06%, el CAC un 0,66% y el Ibex un 0,26%.
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