La apertura de la Bolsa de Lisboa fue de esas que no se veían desde hace años, con un descenso del 6,2% en apenas una hora, mientras el interés de la deuda a diez años superaba el 8%, el más alto desde noviembre de 2012.
Los bancos españoles fueron contagiados desde el primer momento, dado que la exposición del sistema financiero español a la deuda portuguesa y el riesgo contraído en ese país es muy superior al del resto de Europa, cuyos índices también caen con fuerza y sus valores bancarios se resienten.
La crisis de Gobierno portuguesa coincide, en el caso español con la rebaja del rating generalizada a la banca nacionalizada (Bankia, Catalunya Banc y NCG Banco) por parte de Moody’s, lo que añade presión a la cotización de los valores del sector financiero.
Además, se da la circunstancia de que la situación interna de Egipto es más que preocupante, con el ejército decidido a derrocar al presidente Mursi y abrir un nuevo periodo constituyente, lo que también está favoreciendo la inestabilidad en los mercados de valores.
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