El periodismo… ¿una profesión que hay que ir dejando pronto?

18/07/2013

Lucía Martín.

Quería hablaros de periodismo, de periodismo de investigación, de corruptelas y de crisis del periodismo, muchos temas para un único artículo. Aprendí a ser periodista en la Facultad, un poco, y sobre todo luego de la mano de Carlos Salas en la revista económica Capital. Allí no nos llenábamos la boca con expresiones como “periodismo de investigación, verdad o ética” y, sin embargo, en su día contamos cómo la Once amañaba muchos de sus sorteos, o cómo los Paralímpicos echaban mano de atletas que no tenían ninguna discapacidad o cómo el Rey y el Gobierno de Felipe González se llevaron sobrecitos de dinero cuando una petrolera francesa se hizo con parte del capital de una española.

Recuerdo incluso cómo una vez PSA retiró la publicidad a toda la editorial (han leído bien, a todas las revistas de la editorial, no solo de la revista) porque publicamos una información sobre uno de sus coches. Era un artículo pequeño, sin mayor relevancia, pero le costó a mi jefe entonces, imagino, una buena reprimenda por parte de los gerentes de la empresa.

Aquello sí era periodismo de investigación: te tirabas varios meses con un tema, como un perro de presa, hasta que sacabas algo. Cotejabas las informaciones, consultabas distintas fuentes. Nada se dejaba al azar. La revista nunca se vendió muy bien, lo que me lleva a cuestionarme si al lector español le interesan realmente los buenos reportajes de investigación o si prefiere ver el programa del campamento de verano en TeleCinco. Pero ese es otro tema.

Luego la cosa fue decayendo y llegaron otros jefes, que eran mucho más, vamos a decir, prácticos: los regalos que llegaban a la redacción se los quedaban los jefes y se iba a según qué viajes como compensación a callar según qué informaciones. O sea, todo lo contrario a la forma de trabajar con Carlos Salas, con el que los periodistas no aceptábamos regalos (los que llegaban en Navidad, si no eran muy caros, iban directamente a una tómbola que se celebraba junto con las secretarias y el personal de Arte), no viajábamos salvo que fuese la editorial quien pagase el viaje, etc, etc. Pequeños detalles que daban una idea de que éramos un medio que no se dejaba comprar.

Llevo 14 años ejerciendo como periodista en este país. Desde hace seis años, soy freelance. Cuento con los dedos de una mano y me sobran dedos, los jefes periodistas ejemplares que he tenido a lo largo de mi carrera. Uno fue Carlos Salas, otros los ha habido en El Confidencial y aquí, en diarioabierto, único medio que se atrevió a publicar hace unos años una información que ponía en entredicho la Obra Social de Caja Madrid, a pesar (no sé si a pesar o gracias a) de ser un medio pequeñito, con pocos recursos, lo publicaron. Fueron los únicos.

Todo esto viene por lo del periodismo de investigación, los papeles de Bárcenas de los que tanto se habla y la manida crisis del periodismo. Como periodista, sé que hay más perros rastreando exclusivas en El Mundo que en El País (cuya plantilla durante muchos años, y pese a quien le pese, miraba por encima del hombro al resto de plumillas solo porque trabajaban en el sacrosanto País) y que antes da un notición Pedro Jota que Cebrián. Dicho lo cual, lo del manto de “honor a la verdad” del que se ha vestido el director de El Mundo no se lo cree ni él, si no, a saber por qué Casimiro García Abadillo ha visitado el domicilio del que ahora es abogado de Bárcenas. No cuela, lo siento, eso no es periodismo de investigación.

El pueblo señala con el dedo, y entre el pueblo los periodistas, a los corruptos. Los políticos, muchos, han demostrado ser unos canallas que se han metido mucho dinero en los bolsillos. Lo mismo que son canallas todos aquellos empresarios que pagaban comisiones para que les asignaran contratos, que parece que los únicos ladrones son los políticos y les rodea un mundo maravilloso. Y lo mismo que lo son todos esos altos cargos de medios de comunicación que recibían sus buenos sobres a cambio de no hablar de según qué cosas. Que corruptos, oiga, los hay por doquier en España, donde no se puede dejar una señal en una calle sin ponerle una cadena y un candado. Y todo esto entronca con la crisis del periodismo…

Hace poco un amigo, subdirector en un medio, me comentaba que el periodismo “es una profesión que había que ir dejando pronto”. ¿Por qué le pregunté? Y me dijo: porque la gente de nuestra generación (estamos ya en los cuarenta) nunca llegará lejos porque no nos dejaremos comprar y porque por encima tenemos a jefes que sí se han dejado comprar y yo lo veo cada día.

No nos rasguemos tanto las vestiduras con los políticos (del partido que sean) canallas porque aquí, canallas, hay muchos. Y si no, a ver por qué nunca se ha publicado en este país un reportaje en contra de El Corte Inglés. Por ejemplo.

Yo sé que ser valiente (o ético) cuesta mucho: te puedes quedar sin trabajo y a ver quién paga la hipoteca o el alquiler, y el cole de los niños. Pero uno de los males del periodismo, y tiene muchos que darían para escribir otro artículo, es que se nos ha ido quedando la ética por el camino. Unos porque quizás no la tuvieron nunca y han manejado los medios como puros empresarios, buscando más el beneficio que dar noticias (ahí está para demostrarlo el brillante análisis de los periodistas de Mongolia en su libro Papel Mojado . Otros, porque ocuparon puestos intermedios, cómodos, y se creyeron (y creen) poderosos, y nadie les mueve de su sagrada silla. Y otros también se han olvidado de la ética porque para qué hacer ruido, mejor ser dóciles y pasar desapercibidos. Que hay que pagar las facturas.

Tú, que estás sentado en tu silla, que no contradices a tu jefe, que te doblegas si te dice que no publiques algo, que acudes a ruedas de prensa sin preguntas… tu, sí tu, también estás cavando la fosa del buen periodismo. El de llevarse hostias, sí, no el de hacerse rico y endiosarse. Porque que yo sepa, uno no se hace periodista para enriquecerse, sino por vocación.

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