De camino a Santiago

28/07/2013

Susana Ramírez.

Cuando conocí la noticia del accidente del tren que iba camino a Santiago de Compostela tengo que reconocer que algo dentro de mí se rompió el mil pedazos. En seguida me puse en la piel de toda esa gente que viajaba dentro de los vagones. Gente llena de sueños y promesas. Y cuyos familiares y amigos esperaban su llegada. Todas esas personas que viajaban tal vez iban leyendo, consultando el teléfono móvil, puede que algunos enviando mensajes por Whatsapp. No creo que fuesen dormidos, ya que, les quedaba muy poquito para llegar al destino.

Y me los imagino así, sentados en sus asientos mirando por la ventana, y no concibo, no acepto, que toda esa gente viese su vida al borde del abismo en una maldita curva, tomada a una velocidad excesiva. Muero de rabia, porque en cuestión de minutos ocurren desgracias como estás.

Muchos murieron en el acto, sus cuerpos quedaron tendidos en las puertas de Santiago. Maldita sea, todos esas vidas perdidas, cuerpos cubiertos de la sangre que hace minutos estaba dentro de esos cuerpos llenos de vida.

No dejo de pensar en las personas que han perdido la vida. Y tampoco en las otras tantas que aún siguen en el hospital luchando con la muerte.

Mientras las televisiones buscan culpables de la tragedia, yo sigo recordando aún a esas personas que no conozco, con las que posiblemente jamás he hablado, ni me haya cruzado, ni mirado a los ojos. Pero aún así les recuerdo. Y me duele dentro, muy dentro, la muerte tan injusta y tan rápida que han tenido.

Y es que no sirve de nada decirle a las personas que quieres que se cuiden, ya que a veces el peligro no depende de ellos mismos. Sino de otros sucesos u otras manos.

Ahora esa curva se llenará de flores seguramente. De cruces y de un agrio y mal recuerdo. Pero también estará lleno de todas las cosas que les quedaron por hacer a las personas que perdieron la vida en una curva que el tren no pudo superar.

Solo quiero transmitir mi tristeza a la gente de Santiago de Compostela, decirles que en ese tren íbamos todos, que nos estrellamos esa noche un poco todos los Españoles… Que cuando el tren salio de las vías a todos nos dio un vuelco el corazón, que continúo al ver en televisión la magnitud de la tragedia.

Siempre estaréis en mi corazón. Siempre voy a recordar este maldito drama, y os recordaré a la gente de Santiago ayudando a rescatar a los supervivientes, llevando mantas y somieres de cama para hacer las veces de camilla. Os recordaré donando sangre, aquella cola enorme de gente que quería salvar con su sangre a otras personas.

Con eso nos quedamos todos, creo yo, con la humanidad y con el recuerdo de las personas que han fallecido. Y esas personas que en el hospital luchan, y que espero que se salven y aprendan a vivir con las secuelas de una tragedia que nos ha marcado en cierta forma a todos.

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