No se lleven las manos a la cabeza, que en esta fase, la lógica del mercado es inversa. Antes era «cuando peor, mejor» y ahora «cuanto mejor, peor». Y los datos de la economía estadounidense son tan buenos que cabría calificarlos de magníficos y eso hace cada vez menos creíbles las promesas de Bernanke de mantenimiento de los estímulos durante una buena temporada más.
Así, lo que comenzó con una sonrisa y una cierta subida en la apertura y hasta media mañana, terminó con mala cara, peor perfil y, sobre todo, pidiendo la hora. Entre un momento y otro, un buen dato de creación de empleo en Estados Unidos y un déficit comercial casi para enmarcar al otro lado del charco.
Ya lo sé. Es esquizofrenia, pero es el que mercado es así. Se ha costumbrado a los 85.000 millones de dólares que Bernanke mete cada mes para engrasar el asunto y ahora duda que puedan sobrevivir sin ellos.
Casi sería mejor que estuvieran convencidos de que no saldrán adelante, porque el mercado tomaría una dirección clara y todos sabrían a qué atenerse, pero con estos movimientos cabe incluso la posibilidad de que estén fraguando un engaño en toda regla, que con el poco volumen de agosto todo el posible.
En fin, será lo que sea. Al cierre, el Dax perdió un 1,17%, el FTSE un 0,23%, el CAC un 0,43% y el Ibex un 0,37%. Muy mala pinta tiene esto, que a los mercados se les ha metido el miedo en el cuerpo. La esperanza radica en el FTSE, que ha intentado dibujar una vela de vuelta. Pero es poco de fiar, la verdad.
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