Tras mucho bucear en la red en aras del rigor informativo queda descartado que Olli Rehn verané en Écija o sea que no tiene eximente alguno. Sólo a causa de una insolación propia de someter a un finlandés a los calores extremos de la localidad sevillana se podría medio entender su adhesión a la propuesta de rebajar los salarios el 10% para mejorar la economía. Como se acostumbra en estos casos lo que no se especifica es la economía de quien. Parece obvio, salvo que seas comisario europeo o te haya caído una canonjía del FMI, que si de tu nómina te quitan diez de cada cien euros lo único que mejora es tu potencial como psicópata. Más aún cuando esa recomendación proviene de un individuo que gana al mes unos 28.000 del ala. No me digan que no es para que no te importe que en estas fechas tan propicias le toque en sorteo ante notario una salmonelosis. Sin acritud, eso sí.
Además de este agravio comparativo nada desdeñable tampoco resulta superfluo reparar en otras menudencias tales como la contracción del consumo que supondría, la merma en la recaudación de la Seguridad Social o la disminución de ingresos para Hacienda. En suma un compendio de tontunas que el señor Rehn ignora como ignora otras cosas preocupantes en alguien que ostenta la responsabilidad de los asuntos económicos de la UE. Así, exhibe como ejemplos a Letonia e Irlanda. Pues bien, en este último caso ya han salido eximios economistas del país a recordar a don Olli que tres trimestres consecutivos de caída del PIB así, a bote pronto, no se antoja la madre de todos los éxitos. No contento con ello ni siquiera acierta en que haya sido la poda lineal de sueldos la causante de lo que él cree un ejemplo a seguir.
De hecho en Irlanda no se ha aplicado, ni de lejos, esta medida. Sí en Grecia con los resultados conocidos: las ruinas ya no están en la Acrópolis sino en los hogares de los ciudadanos. En Letonia, el otro paraíso del buen hacer, aunque tímidamente, sí crece la actividad a costa del pequeño detalle que supone que el índice de pobreza ha alcanzado al 40% de sus habitantes. Entre ellos, bien es cierto, no está Rehn ni ningún miembro del FMI. Esta espiral de acoso y derribo del mercado laboral ha tenido, como no podía ser menos, una vertiente doméstica plasmada en el informe elaborado por la CEOE bajo el modesto título de ‘Las reformas necesarias para salir de la crisis’. Y diles que no.
Entre las brillantes ideas surgidas desde la sede de Diego de León están convertir contratos a tiempo completo en contratos a tiempo parcial de manera unilateral, lo que viene a ser cuando le salga del mismo níspero al empresario, o ampliar del 15% al 30% el margen de horas complementarias en función de la jornada pactada. Que bien podría concluir uno, puesto a ser tiquismiquis, si no es un poco sinsentido pedir por un lado reducir la duración de los contratos y por otro aumentar las horas complementarias de jornada. Al igual que en el caso de la reducción lineal de salarios (a la patronal le faltan orejas para aplaudirla) así, en primera instancia, no es descabellado entresacar tres derivadas de estas propuestas. Menos salario, menos cotización al desempleo y menos a la futura pensión si hubiera o hubiese. Y encima me da que aquí tampoco se puede culpar a las insolaciones.
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