Se había convertido en una de las grandes operaciones en Estados Unidos, la fusión entre American Airlines (AA) y US Airways, dos de las empresas emblemáticas del país en el sector del transporte aéreo acaparó los titulares de todos los medios. Además no era la primera que se producía en el sector. Por eso, el anuncio este martes del Departamento de Justicia de Estados Unidos ha pillado por sorpresa a propios extraños con su oposición a que la fusión se materialice.
Las razones que ha argumentado se centran en el daño que supondría a la competencia dicha operación, a lo que suma el incremento de precios que podría producirse de cara a los consumidores. Su siguiente paso ha sido inmediato: ha presentado una demanda civil antimonopolio ante los problemas de competencia que podría suponer la operación.
En concreto, el Departamento de la División Antimonopolio del Departamento de Justicia, junto con el distrito de Columbia y los fiscales generales de Texas (donde está la sede de AA), Arizona (donde está la sede de US Airways), Florida, Pennsylvania, Tenesse y Virginia, ha presentado una demanda en el Tribunal de Columbia con el fin de preservar la competencia existente, que con la fusión de ambas aerolíneas se eliminaría.
En su argumentario se precisa que la fusión, que daría lugar a la mayor aerolínea del mundo valorada en 11.000 millones de dólares (8.297 millones de euros), reduciría «sustancialmente» la competencia para el transporte aéreo comercial en los mercados locales en los EE.UU. y como consecuencia el pago de «tarifas más altas» por parte de los pasajeros, que recibirán menos servicios. Son dos motivos más que suficientes como para frenar en seco la fusión de la que nacería la mayor aerolínea del mundo, superando incluso a la también estadounidense United Continental.
Los medios de comunicación estadounidenses destacaban que el Departamento de Justicia persigue con su bloqueo a la fusión que US Airways ofrezca mejores tarifas a los consumidores. En este sentido, el
fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, afirma que el
transporte aéreo es «vital» para millones de estadounidense que vuelan por negocios o por placer, y subraya que oponiéndose a esta fusión, el Departamento de Justicia está diciendo a sus ciudadanos que «se merecen lo mejor». «Esta operación se traduciría en que
los consumidores pagaran el precio, con mayores tasas, mayores tarifas y menores elecciones. Esta medida prueba nuestra determinación de luchar por el interés de los consumidores garantizando una sólida competencia en el mercado», agregó.
Según el Departamento de Justicia, el pasado año los pasajeros gastaron más de 70.000 millones de dólares (52.807 millones de euros) en tarifas para volar a través de Estados Unidos. Además, asegura que las principales líneas aéreas en conjunto han incrementado sus tarifas en los últimos años, han impuesto nuevas y mas elevadas tasas y han reducido el servicio ofrecido.
«Si esta fusión sale adelante, incluso un pequeño incremento en los billetes, la facturación de maletas o las tasas por cambios se traduciría en un daño de cientos de millones de dólares para los consumidores estadounidenses. Ambas aerolíneas han declarado que pueden tener éxito de forma independiente y los consumidores se merecen el beneficio de que se mantenga la competencia», añadió el fiscal general adjunto, Bill Baer.
Seis fusiones obtuvieron el placet
Paradógicamente, hasta ahora el Departamento de Justicia había dado su visto bueno durante los últimos cinco años a seis fusiones entre aerolíneas del país para poder hacer frente a sus problemas económicos. Este fue el caso de la compra de Northwest Airlines por parte de Delta Air Lines, o la unión entre United Airlines y Continental Airlines.
De esta forma, la matriz de American, AMR, y US Airways cerraron el pasado mes de febrero su fusión, que fue aprobada «con condiciones, por la Comisión Europea a principios de este mismo mes, una vez al concluidos los compromisos asumidos por las partes protegen la libre competencia en el espacio económico europeo.
La operación había seguido los pasos previstos. El mismo 1 de agosto, AMR consiguió el respaldo de los acreedores a su plan para salir de esta situación, un proyecto cuyo pilar fundamental era el ahorro de costes previsto en una fusión valorada en 11.000 millones de dólares y en la que los acreedores, accionistas y empleados de AMR controlarían un 72% del capital, mientras que los accionistas de US Airways obtendrían el 28% restante.
Los accionistas de US Airways aprobaron el pasado 17 de julio la propuesta del consejo de administración para su fusión con AA, con el 99% de los votos emitidos. El acuerdo contemplaría un trasvase de acciones en base al plan de reestructuración de AA, que sacaría a la compañía de la protección de bancarrota a la que está sometida actualmente. La compañía resultante mantendría el nombre de American Airlines y su sede en Fort Worth (Texas), con una plantilla de 94.000 empleados, una flota de 950 aviones, y operaría unos 6.500 vuelos diarios, con una facturación de casi 39.000 millones de dólares (29.421 millones de euros).
El cambio de política operado en el Departamento de Justicia supone un duro revés para las dos aerlíneas. En el caso de US Airways, porque ya estaba saboreando convertirse en la mayor aerolínea del mundo y, por su parte, American Airlines porque pierde su mejor oportundiad para solucionar su problema de concurso de acreedores, que presentó en noviembre de 2011.
Reacción negativa en Wall Street
El anuncio ha sentado mal en Wall Street, que inmediatamente empezaron a castigar las acciones de US Airways, haciéndolas perder casi un 10% de su valor. Y de rebote, el resto de las compañías aéreas que cotizan en la Bolsa neoyorquina también comenzaron a perder posiciones. Así, United Continental perdía a media sesión cerca del 7% y Delta Air Lines, casi un 8%.
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