El banco nº6

18/08/2013

Susana Ramírez.

Duerme en el banco número 6. Cada mañana le veo deshacer su cama con sumo cuidado. Sobre su cabeza dos grúas y enormes andamios que reconstruyen un edificio antiguo.

Su cama son dos mantas que le sirven de colchón para ese banco de madera dura. Ahí duerme durante la noche. Tiene dos candados de motocicleta con los que ata sus pertenecías al banco. Así puede dormir más seguro sin miedo a que alguien le quite lo poco que tiene.

Se despierta despeinado cada mañana. Se coloca las gafas para ver mejor. Y camina por la acera arrastrando sus cosas y es en ese momento cuando me cruzo con su mirada. Su triste mirada. Una mañana mas ha despertado en la gran ciudad. Con el ruido de máquinas y las voces de los obreros.

No sé cómo ese hombre llegó allí. A esa cama, el banco número 6, donde el hombre duerme mientras la ciudad se detiene, se calla… Duerme bajo la luna y las pocas estrellas que se ven desde esta enorme ciudad.

No sé si la gente repara en él, solo sé que este hombre lleva una gran historia con él, aunque vaya ligero de equipaje lleva el corazón repleto de historias que tal vez nunca haya contado a nadie.

 

Pero el banco número 6 y ese hombre que duerme en él, es solo un ejemplo de todos los bancos de la ciudad. De todos los hombres y mujeres que duermen bajo el cielo, y en los que casi nadie repara.

A mí me da un poco de pena su historia, la que desconozco, la que no puedo llegar a imaginar. Esa historia que desenlaza la vida de alguien y la deja en la calle, sola, muerta de miedo.

Si pudiera, una mañana cualquiera detendría a ese hombre en la acera y le diría que ya no tiene que dormir más sobre ese banco de tablas duras. Que desde mañana tendrá cama, y café caliente con tostadas y comida de cuchara sobre la mesa y un sofá desde donde la vida se ve de otra forma. Un día, no sé qué día será, reuniré la valentía suficiente para decirle que su vida en la calle ha terminado para siempre.

Mi duda es, si ese hombre me hará tragarme las palabras y seguirá hacía delante con paso firme. Porque a veces pienso, que las personas que están en la calle no quieren la caridad de nadie, solamente pan o dinero para sobrevivir un día más por ellos mismos. Porque tal vez, sobrevivir, es lo único que da sentido a su vida, a sus vidas.

 

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