Ahora mueren en Bosnia

23/08/2013

Daniel Serrano. Leo a aquellos jóvenes que corrían huyendo de los disparos de los francotiradores, aquellos que fueron reclutados y tuvieron que tomar un fusil, aquellos que se vieron obligados a huir de su patria para salvar el pellejo.

Fue nuestro Vietnam. En los televisores veíamos desangrarse en la avenida principal de Sarajevo a jóvenes como nosotros. La misma edad, el mismo pelo largo de influencia grunge, los mismos vaqueros rotos, el mismo humo en las manos. Nunca tuvimos claro quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Yugoslavia se desangraba e Ismael y yo recorríamos Europa en ferrocarril y dormíamos en sucias estaciones de tren y besábamos a chicas cuyo idioma ignorábamos. Atravesamos Zagreb y desde la ventanilla del tren contemplamos las tanquetas de la ONU y a los niños croatas pidiendo chicles a los soldados. Estuvimos en Ljubljana y Agus se folló a una eslovena sobre la encimera de la cocina y creo que Luis a otra en una discoteca o algo así. A muy pocos kilómetros, en Bosnia, se mataba y se moría. Luego nos bañamos en las playas de Corfú y acabamos callejeando por  Estambul. Cuando éramos reyes. El mundo contemplaba con perpleja indiferencia la guerra en un rincón del planeta que, hasta hace apenas un minuto, había sido un lugar civilizado.

esquirlasEscribí para mi hermano Ismael ese verso final en el que Bosnia resultaba el Vietnam de nuestra juventud, la certeza brutal de que toda barbarie puede repetirse una y otra y otra vez.

Ahora, muchos años después, leo a aquellos jóvenes que corrían huyendo de los disparos de los francotiradores, aquellos que fueron reclutados y tuvieron que tomar un fusil, aquellos que se vieron obligados a huir de su patria para salvar el pellejo. Hoy ellos (como nosotros) están entre los treinta y muchos y los cuarenta y pocos, y escriben sobre esos lejanos días.

Velibor Colic desertó del ejército bosnio y se marchó a Francia. Allí publicó en 1994 estas notas de guerra, Los bosnios, que llegan a España con casi 20 años de retraso. Pequeñas historias trazadas  a vuelapluma sobre el horror y la estupidez de un conflicto armado. Con algunos momentos conmovedores. Hasta en el infierno existen hombres buenos parece decirnos Colic con el siguiente relato: “Durante uno de los violentos bombardeos que cayeron sobre los pueblos croatas de la Posavina bosnia, los soldados del HVO (Consejo Nacional de Defensa croata) descubrieron un obús que no había estallado.

       Sobre la bomba, alguien había escrito en cirílico, con una letra torpe y visiblemente apresurada: ‘No todos los serbios son iguales’”.

bosniosEse es el tono de Los bosnios. Casi poesía en modo fragmentario, recuerdos tomados de aquí y de allá. E, incluso, chistes, como ese que nos cuenta Colic sobre Huso y Haso, soldados bosnios que aguardan a los chetniks serbios para tenderles una emboscada. Esperan y esperan pero lo bosnios (como los tártaros de Buzzati) no llegan. Hasta que Haso, con aire preocupado, le dice a Huso:

–      Joder, a ver si les ha pasado algo…

Un chiste que expresa mucho acerca del fondo de un conflicto en el que, al fin y al cabo, estaban matándose entre vecinos que, unas semanas antes, se daban cortésmente los buenos días.

Ismet Prcic novela desde otra perspectiva, la del expatriado que no logra deshacerse de un pasado que le atormenta. Su protagonista nos relata desde Estados Unidos, donde su cerebro no para de centrifugar malos sueños, los días de guerra en la Bosnia rural. Como sucede en todo conflicto, y aunque parezca imposible, la vida sigue, los adolescentes continúan enamorándose, la gente hace planes, va al cine, ríe y llora y la muerte se convierte en un elemento más de lo cotidiano.

En Esquirlas hay un adolescente como el que nosotros fuimos, con los mismos anhelos de cualquier adolescente sólo que en un escenario de bombardeos y asedio y hambre. Sale con una chica del insti, se mete en un grupo de teatro, medita un futuro incierto. “En algún lugar, por alguna razón, me convencí de que una cazadora Levi´s rosa era una buena decisión” afirma. Yo no tuve una cazadora Levi´s rosa pero sí unos pantalones Levi´s de color lila (lo juro). Bueno, fue antes de Kurt Cobain y de que nos enfundásemos las camisas de cuadros y las camisetas mordidas por la polilla. No sé si me explico. Leyendo a estos camaradas de generación me llega hondo la sensación de que nosotros también estuvimos allí y de que (de alguna manera) compartimos algo.

Los bosnios y Esquirlas son dos magníficos libros. Y a mí me ha recordado esos días de interrail y rosas (disculpen la nostalgia) y el vodka con naranja que bebimos en un bar de copas de Ljubljiana, aguardando la salida del tren hacia el siguiente destino, con las detonaciones de los disparos sonando muy cerca.

Los bosnios. Velibor Colic. Periférica. 120 páginas.

Esquirlas. Ismet Prcic. Blackie Books. 450 páginas.

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