Rajoy, el inmutable

02/09/2013

Joaquín Pérez Azaústre.

Mariano Rajoy anuncia que nada va a cambiar. Que no se prevé aún ninguna alteración en su Gobierno flamígero, lleno de adalides de la aparente brillantez política, en plan oposiciones del Estado, y menudeo del arca pública. Analizando el tono y su discurso, pudiera parecernos que este hombre está encantado de haberse conocido: poseedor de su mayoría absoluta y de un cuaderno de ruta tan interior que sólo lo conoce él, para salir presuntamente de la crisis, mientras, de paso, logra desmantelar un sistema de derechos en el que nunca ha creído, sigue siendo poseedor de sus largos silencios, de tanta espera suelta y dadivosa, como si por el hecho de dejar pasar la vida, como si fuera un enemigo leal, por delante de su casa, pudiéramos salvarla del incendio.

Pensando en las últimas noticias del caso de Luis Bárcenas, en la entrega de su ordenador personal al juez Pablo Rus, pero sin su disco duro, por parte del Partido Popular, y en la forma torpe y descarada que ha tenido de mentir no sólo al Congreso, sino, por ende, a todos los españoles, me pregunto si Mariano Rajoy es consciente de la huella histórica que perdurará, asociada a su nombre y al mayor caso de corrupción de nuestra democracia reciente. Mariano Rajoy aseguró, como es bien sabido, que Luis Bárcenas no había tenido ninguna relación con el PP desde que se conoció la existencia de sus cuentas millonarias en Suiza, y luego hemos sabido que, desde entonces, siguió cobrando 20.000 euros brutos mensuales, manteniendo su despacho en Génova, con secretaria y chófer. Por menos, en EE.UU. ya se habría visto obligado a dimitir no sólo Mariano Rajoy, sino también todo su equipo de Gobierno. Pero aquí todo sigue igual.

Ahora recuerdo cuando se machacaba tanto a José Luis Rodríguez Zapatero, desde la oposición de entonces, porque un personaje como George W. Bush no lo hubiera recibido ni se hubiera entrevistado con él. Ahora, desde el Gobierno, se quita importancia al hecho de que Obama eluda, en lo posible, encontrarse con Mariano Rajoy, un presidente con su legitimidad puesta en tela de juicio por una corrupción tan sorprendente que, en el mundo, se ha convertido en nuestra verdadera “Marca España”.

A veces tengo la impresión de que este hombre no se inmuta ni ante su propio derrumbe. Ni siquiera los pánfilos, aforados o no, pueden cachondearse tanto de la ley.

¿Te ha parecido interesante?

(+3 puntos, 3 votos)

Cargando...

Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.