No suele tener un final feliz que quienes son la pesadilla de tu presente pretendan embarcarte en un sueño para el futuro. Muchos, más de los que decían esas encuestas hechas por encargo como las tartas de cumpleaños, a golpe de escarmiento nos hemos vuelto tan prosaicos como para limitar los deseos a que el Ayuntamiento de Madrid limpie de orines las calles, arregle los polideportivos o no tenga a los ancianos más de un año a la espera de ayuda a domicilio. Somos, en suma, esos antipatriotas que vemos Gibraltar sólo como un rentable peñasco para distraer la atención y no como un secular agravio. Gente rastrera a la que sólo cabe dar de lado o lapidar dialécticamente (y eso de momento) por supuestamente alegrarse de una derrota.
Y digo supuestamente porque más que eso es celebrar que la impostura de las autoridades, ese optimismo económico insultante con un récord histórico de parados, el ‘sobrismo’ de Bárcenas, el alardear de unas previsiones que se incumplen por sistema y la falta de credibilidad en general han tenido su castigo. Seguro que el COI, ese órgano tan sospechoso como inescrutable, ha valorado otras cosas pero sólo sopesar que alguna de las citadas ha tenido que ver en su elección merece la pena. Claro que uno lo siente por deportistas a los que admira o por las ilusiones de muchos niños congregados con sus padres en la Puerta de Alcalá. Sin embargo, como es el caso, siente aún más que muchos de esos niños no tengan acceso a una beca de comedor por los brutales de recortes de los mismos que fardan de una maravillosa candidatura.
Por eso calificar de ‘horrible’ como ha hecho la señora alcaldesa esta decisión es un exceso sólo comparable en magnitud a su arrojo para lanzarse a perpetrar el inglés. Horrible es hurtar recursos a las personas dependientes, y se hace con el beneplácito de Botella y su partido al calor de los llamados ‘esfuerzos equitativos’ ¿Cabe una indignidad más olímpica? Es tal el cúmulo de carencias deportivas en Madrid, de desidias, de abandonos de instalaciones, de subidas de tasas a cambio de peores servicios, de atropellos a asociaciones que, por amor al deporte, ellos sí, sacan adelante campos de fútbol de barrio que daría para varias presentaciones en vídeo, powerpoint o 3D.
Pero estas no interesan ¿A quién le gustaría ver delante de señores tan trajeados cómo la piscina de La Concepción lleva cerrada desde 2007 por obras que nunca se hacen? ¿A quién que un distrito como Centro con más de ciento cincuenta mil habitantes estuvo más de dos años sin ningún polideportivo? ¿A quién ver los destrozos de la ampliación del centro deportivo Gallur o del campo del Racing Garvin o el estado lamentable de la instalación básica Los Carmenes todos ellos en el distrito de Latina? ¿A quién le importa en Lausanne o en Buenos Aires que la Comunidad que preside ese hombre que tan bien habla inglés se vaya a cargar la única pista de baloncesto base de Chamberí? ¿Acaso a alguien le importa que el mismo Ayuntamiento de campanillas y lentejuelas ante el COI cruja a las asociaciones que mantienen los campos de barrio al cobrarles el IBI de los mismos?
Y todo ello mientras la responsable de esta situación, y de muchas más tan sangrantes o más, tilda de ‘barata’ una candidatura olímpica que precisaría, y eso sin los sobrecostes inevitables, mil quinientos millones de euros. Y es que ciertamente aquí para ‘cara’ ya está la suya.
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