Nos habían convencido que Madrid sería la ciudad elegida para los Juegos Olímpicos. La gran ilusión se convirtió en segundos en una gran decepción. Muchos nos sentimos estafados, nos habían vendido la piel del oso antes de cazarlo y ni siquiera se mantenían las formas respetando las candidaturas rivales, todo olía a prepotencia y si algo se notaba a faltar era unas buenas dosis de modestia. Incluso declaraciones y encuestas sobre el sentido de voto que no sólo era un desprecio a los votantes sino que también abría las puertas a la especulación sobre prácticas poco honorables.
Ahora al árbol caído todo el mundo hace leña pero uno se pregunta si alguien habrá aprendido la lección. ¿Realmente nadie del comité olímpico español sabía por donde iban los tiros? ¿eran conscientes de la situación y prefirieron engañar a todo un país o eran tan ingenuos que confundieron sus propias ilusiones con la realidad? ¡Cómo se ha notado a faltar la figura y los consejos de Juan Antonio Samaranch!
Cuando se compite se ha de estar preparado para ganar y para perder y saber hacerlo no es ninguna deshonra lo qué sí que lo es el hacer el ridículo y tengo la sensación que estos días lo hemos hecho más de la cuenta.
Una vez desvanecido los ruidos de la propaganda electoral queda claro que la elección de Tokio era la más razonable, era la que había presentado un mejor proyecto y el que ofrecía más posibilidades de éxito, aunque aquí no se quisiera ver. El patrioterismo para “salvar” de sanción a nuestros deportistas que tenían problemas con el dopaje ha tenido consecuencias, otros temas poco claros de rabiosa actualidad en España también transmiten al mundo la imagen de un país bananero. La credibilidad de los gobernantes para dar soluciones a los problemas del país está bajo mínimos y si esta sensación la tenemos los españoles, cómo no la van a tener fuera.
Lo hecho, hecho está y no se puede arreglar, pero estaría bien que todos aprendiéramos la lección, aunque algunos no tengan el mínimo sentido común para enterarse de lo que ha pasado. Ya se sabe, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
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