Han pasado unos días de la manifestación de la Diada. Es posible hacer un análisis desde una cierta perspectiva y la conclusión es que una posible salida del problema cada vez se ve más problemática. La torpeza del Gobierno sigue cuando se inventa la fórmula de una supuesta mayoría silenciosa para desvirtuar el masivo apoyo que obtuvo la cadena catalana. La vieja táctica de “ya se les pasará” que practica el Ejecutivo no sólo engrosa las filas independentistas sino que –según la encuesta de “El País”- cada vez más son los españoles que no rechazan la posibilidad de que los catalanes puedan decidir en las urnas su futuro.
Son viejos los polvos que han llevado a los actuales lodos, desde la politizada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut votado por los catalanes (y en democracia el voto es sagrado) que hace que lo que en Catalunya es inconstituconal no lo sea en otras comunidades que tienen idénticos artículos (como la andaluza) hasta el calificativo de “algarabía” con que Rajoy definió la millonaria manifestación de hace un año. Muchos catalanes interpretan esta prepotencia como algo ofensivo y las posturas se van radicalizando.
Sólo ahora se dan cuenta que tienen un problema que se les escapa de las manos y ante ello las declaraciones de muchos dirigentes políticos son patrioteramente peregrinas. El incidente de los ultras interrumpiendo la celebración de la Diada en Madrid a muchos les recordó la fantochada del 23-F.
La voluntad decidida de una mayoría política catalana de convocar la consulta choca frontalmente con la no menos firme actitud del Gobierno central de no buscar vías para hacerla posible. La oferta de diálogo continuado de Rajoy suena a “dejà vu” , o sea a decir que «no» a todas las tesis catalanas. ¡Cómo habría cambiado la situación si Madrid hubiera aceptado la petición de Mas sobre un pacto fiscal que ahoraparecen estarían dispuestos a ofrecer! Sin embargo la negativa rotunda del presidente se produjo aún reconociendo que Catalunya tiene una financiación deficiente.
Entretanto llegana Catalunya desde la capital bofetadas una detrás de otra, ora con la lengua, ora en la enseñanza o incluso prohibiendo la fiesta del aire que lleva más de veinte años celebrándose por las fiestas de la Mercè c on un éxito notable.
Ya es igual si los catalanes tienen o no tienen razón en sus reivindicaciones (como en todo,todos tienen razones aunque seguramente nadie tenga la razón) pero lo que es una realidad es que cada vez más un mayor número de catalanes (y me atrevo a decir que muy mayoritario) se sienten incómodos en España y quieren decidir su futuro, y además hacerlo de una manera pacífica y civilizada.
Buscar una salida a esta situación se requiere políticos de talla y en esta España en crisis éstos brillan por su ausencia. Y en este caso el tiempo lo agrava todo.
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