Un poco de amabilidad

17/09/2013

Susana Ramírez.

Todo lo que es gratis nos cuesta. Nos cuesta dar los buenos días por la mañana, la sonrisa con agrado, el café con doble de azúcar, las gracias y los de nadas.

Los seres humanos amamos la inmediatez. Queremos las cosas, pero las queremos ya. No nos vale la paciencia como añadido a nuestras vidas. Queremos besos sin dar besos. Queremos las de nadas sin las gracias. Queremos el cambio sin haber pagado previamente. Queremos que la gente nos quiera sin querer nosotros un poquito solamente. Somos egoístas y por naturaleza lo seremos siempre. Porque los humamos tenemos mucho de animal y sobrevivir es nuestra única meta. Estar bien nosotros, aunque sea jodiendo a los que tenemos cerca.

La mujer, en el supermercado le pidió un poco de amabilidad a la cajera. La cual, empezó a dar mil y una razones sobre su desgana. Que ese trabajo era monótono y le hacía infeliz, que odiaba la formalidad impuesta y que un mal día lo podía tener cualquiera. La cajera bajó la cabeza hacía la caja registradora , y de ahí ya no la movió nadie, hasta el siguiente cliente que posó todos los artículos en la cinta buscando esa amabilidad inexistente.

La mujer se fue a la calle echando humo por la nariz y sapos y culebras por la boca, sobre la cajera. Decía en voz alta: un poco de amabilidad no cuesta nada.

Y es que es así, las personas no cambiamos ni cambiaremos. Igual que todo crece, cambia y se transforma en algo mejor, los humanos iremos siempre a peor. No nos llenamos más de amor, sino todo lo contrarío, vamos adquiriendo mala leche y caras largas y lo peor es que siempre estaremos dispuestos a lanzarle a alguien nuestros malos presagios y nuestro malestar con el mundo. Y ese alguien siempre tiende a ser el más débil.

Ojala aprendiésemos todos a ser más amables. Porque la amabilidad con amabilidad se paga. Tristemente hay que dar para recibir. Es una pena. Y es por esto, que cuando en este camino que es la vida nos encontramos con una persona que nos lo da todo sin pedir a cambio absolutamente nada, que nos ofrece todo lo que no vemos a diario en las calles de este mundo nuestro, nos queremos aferrar a esa persona como si fuera el único superviviente del mundo entero, y ahí nos quisiéramos quedar a vivir.

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