Mientras en el parqué ya se celebran con alborozo algunas sesiones bursátiles y la prima de riesgo se contiene hasta caer casi en el anonimato, la ignominia cotiza al alza hasta límites impensables incluso para este Gobierno. Ese salto cualitativo que va de lo presuntamente austero a lo absolutamente miserable se ha dado sin un pestañeo por los encargados de redactar en el BOE el calado de sus fechorías. Porque eso es, ignominia, fechoría y vileza, que a partir del 1 de octubre enfermos de gravedad extrema tengan que pagar parte de esos medicamentos con los que tratan de no renunciar a ese lujo que supone sobrevivir a su terrible adversidad. No morirse, señora ministra ¿Lo entiende? No es para confeti ni para viajes a Disneyland ni para pasar la ITV de su Jaguar ni para esos derroches de los que usted tanto sabe. Ni sé cuánto supone ese ‘ahorro’ ni me importa lo más mínimo. Seguro que, en todo caso, no alcanza los 60.000 millones o los miles que sean donados por los contribuyentes a punta de decreto a la banca. Claro que es mucho más importante para el futuro del proyecto europeo tener saneadas a las entidades financieras que dejar morir a alguien con cáncer o SIDA por falta de dinero.
Es curioso que los mismos que ponen tanto reparo moral a la eutanasia no tengan ninguno en fomentar su desenlace a través de su mezquindad normativa. Y esto sólo le puede parecer una exageración a quien, dentro de su burbuja de bienestar, cree que todo el mundo puede afrontar gastos que ellos consideran menores. Acaso, forzados por esa inconsciencia, si es que uno quiere ser benevolente, nunca han tratado de ponerse en el piel de quienes, desde la estrechez económica, pretenden, por ejemplo, que sus mayores pasen sus últimos años en las mejores condiciones posibles ¿Han intentado que les reconozcan su grado de dependencia para acceder a las ínfimas ayudas? ¿Saben con qué pensión tienen que acometer el copago de fármacos, de una persona que les ayude en casa o de un servicio de teleasistencia por lo privado porque la espera del público supera sus expectativas de vida?
¿Es demasiado pedir que alguna de las mentes pensantes que alumbran la atrocidad de este nuevo copago sopese que las condiciones laborales de estos enfermos son aún más duras por su propia dolencia y que, por tanto, es más que posible que sus recursos sean aún más escuetos? ¿Tan difícil es pensar más allá de la tiranía de los números? Es más ¿les resulta en general tan complejo pensar o es que son ustedes mucho peor gente de lo que al menos uno creía desde su impropia candidez? Aquí ya no se debate una ideología que, por supuesto, existen por mucho empeño que se ponga en difuminarlas en la pizarra del pragmatismo. Aquí el dilema es vivir con dignidad o ser cómplice de lo contrario. No hay crisis económica que justifique que un Gobierno sea colaborador necesario en la vulneración del inalienable derecho a la vida ¿O es que ustedes sólo lo defienden cuando les convoca Rouco a una manifestación? Sí, es una pregunta retórica. El resto, por desgracia, también.
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